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Pozo de Letras 6

Sentidos y Perfiles de la Comunicación

Sexta edición de Pozo de Letras, la revista de la Carrera de Comunicación y Periodismo de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas.

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ÉTICA Y NEGOCIO: PAREJA DISPAREJA

Por Javier Darío Restrepo

Este ensayo aborda el complejo vínculo que se genera entre la perspectiva ética y la empresarial en el campo del hacer periodístico.  La identidad del periodista y su naturaleza definen la relación que se establece.  El autor sostiene que esta no es una relación negada. Ética y negocio no son incompatibles en el Periodismo, por el contrario el costo de la ruptura entre ética y economía en una empresa periodística es muy alto. La validez de la información, la credibilidad y la calidad del hacer periodístico y su relación con la sociedad están en juego.

Un periódico puede llegar a ser una empresa floreciente sin necesidad de la ética. Altamente rentables, con ganancias aseguradas para los accionistas, dueños  de un mercado de lectores y de anunciantes que mantienen su fidelidad día tras día, estos periódicos navegan por el mar de la prosperidad, guiados no por una brújula ética sino por un radar sensible a la aparición de buenos negocios.

LA NO ÉTICA COMO NEGOCIO

Está comprobado en la práctica, ustedes y yo lo hemos visto: un periódico puede ser exitoso como negocio sin consultar códigos éticos. Muchos buenos negocios no se harían si se sometieran al rigor de unos criterios éticos. Piensen ustedes en lo que sucedería, por ejemplo, en el departamento de publicidad o en el de los suplementos comerciales si allí se instalara un filtro ético para las medias verdades, las letras menudas, los compromisos editoriales con los anunciantes o con los gobiernos. Dejar que por un lado vaya la ética y por otro los negocios, ha sido una filosofía conveniente para muchas empresas periodísticas.

Un periódico puede mantener cautivas a muchedumbres de lectores sin necesidad de atenerse a la servidumbre de lo códigos deontológicos. Más aún: esas masas de lectores fieles se podrían explicar por la libertad total con que un periódico informa cuando no lo limitan un criterio ético como el que habría impedido la publicación de titulares de impacto o de las informaciones más vendedoras por espectaculares o escandalosas. Pueden ser poco o nada éticas algunas historias, pero son las que más venden. ¿Cómo se explica si no que los periódicos más audaces para titular e ilustrar sus primeras páginas, sean los de mayor circulación?

Aún debo anotar otra fortaleza de los periódicos liberados de la ética y es que, además de dar dinero y de multiplicar lectores, acumulan poder. Su circulación alta, su presencia diaria en los kioscos y en las manos de suscriptores, los convierte en referentes indispensables para empresarios y gobernantes que necesitan llegar al mayor número de personas con sus anuncios y que, además, necesitan tener de su lado unas empresas periodísticas que de otra manera, insatisfechas o frustradas podrán convertirse en peligrosas enemigas. No se necesita ética para construir ese enorme poder que garantiza una generosa pauta publicitaria oficial, un tratamiento privilegiado en asuntos legales y de tributación, un lugar destacado en las invitaciones oficiales y un acceso expedito a las instalaciones e informaciones de gobierno. Es un hecho evidente: son más las cosas que pueden hacerse sin ética que con ella.

Estoy comprobando fríamente un hecho y descarto por innecesario un tono irónico como el de Swift, cuando aconsejaba en la Inglaterra del siglo XVIII que para resolver el problema de la multiplicación de niños pobres, se los sirviera en humeantes y provocativos platos después de adobarlos y asarlos, servidos entre apetitosas salsas y aromáticas yerbas.

Decenas de conversaciones con periodistas y directores de medios del continente, centenares de preguntas en un consultorio ético virtual le dan una base real a esta introducción, me eximen del recurso de la ironía y sacan nuestro tema del muy trillado y estéril tópico que liga como hermanos siameses que se odian  al negocio y la ética. Es un hecho que una empresa periodística puede funcionar con éxito sin  la ética o con una ética domesticada. Esto es posible, como lo comprueba el hecho de que las leyes, las normas tributarias, los reglamentos de tránsito, el código laboral, son fórmulas que se pueden interpretar y moldear a la medida de los intereses de cada uno. De la misma manera, hay quien dice y hace aquello de que “cada uno tiene su ética”. Fórmula y realidad comodísimas porque uno se hace una ética a la medida, confortable y desprovista de las molestas aristas que suelen tener los deberes.

Es igualmente cierto que un periódico ético también puede construir prosperidad, aunque no sea con la celeridad ni con el brillo ofuscador con que lo hacen los otros. Lo que no puedo asegurar es que un periódico así, con esa ética sobre medidas, o mejor aún, sin ética, pueda llegar a ser respetable; tampoco se le puede garantizar ese potencial de influencia que hace de un periódico un referente obligado en la vida de la sociedad. Es posible que se lo tema, por su poder de ofensa, de calumnia o de tergiversación, pero no se lo respetará.

¿DE QUÉ ÉTICA HABLAMOS?

Pero, ¿de qué ética hablamos? La pregunta se justifica porque a lo largo de la historia del pensamiento la búsqueda sobre lo ético ha llegado a resultados plurales y complementarios.

En los comienzos se vio la relación entre ética y felicidad: ese es su producto, es su explicación, como guía que es, como clave para descifrar la conducta humana; con una mirada cósmica, una escuela filosófica se preguntó por el lugar del hombre en el universo y halló la respuesta en la ética, que integra al hombre en el cosmos; de la misma manera que Aristóteles cuando la definió como la obediencia del hombre a su naturaleza; en nuestro tiempo se ha creído encontrar la respuesta en la eterna búsqueda de valores que ha movilizado desde siempre al hombre; o la ética como resultado de la interacción y comunicación entre los humanos.

No se trata de hallazgos excluyentes entre sí; más bien han sido trabajos complementarios del pensamiento, como el de los que se esfuerzan en una carrera de relevos donde cada uno entrega al siguiente lo que ha podido obtener para que la carrera no se detenga. Estos resultados de los que han pensado la ética a través del tiempo parecen disminuidos cuando la ética se reduce a un manual de prohibiciones. Algunos códigos éticos parecen obsesionarse con el NO, quizás lo menos importante entre los hallazgos de la exploración ética del hombre. La ética muestra todo su potencial dignificador y reconstructor del hombre cuando en vez de dirigir su mirada hacia los caminos clausurados por la prohibición, descubre los horizontes amplísimos del reto y la propuesta. Hay una ética que es desafío.

Hace 24 siglos, Sófocles tuvo un problema gramatical: dar con el superlativo del adjetivo deinós y acuñó la palabra deinóteron y se la aplicó al hombre. Deinós es terrible, asombroso, y el ser humano es el superlativo de lo terrible y asombroso. Y explicaba el dramaturgo griego: el hombre es asombrosísimo, no por lo que es, sino por lo que puede ser.

24 siglos después, un hombre de nuestro tiempo entre muchos otros, José Ortega y Gasset, habría de decir: no podemos decir que el hombre es, sino que está en vías de ser esto o aquello. Y agregaba: “el núcleo de la existencia humana es la posibilidad, dirigido hacia el futuro, está constantemente  adelantado a sí mismo.

Desde siempre, los que piensan al ser humano han tenido la persuasión de que el hombre, todo hombre, es un proyecto en marcha y que el objetivo de toda vida humana es hacer de sí mismo una obra maestra. La ética proporciona los planos para esa obra maestra. Vista así es un reto permanente.

Tal vez haya podido explicar ahora, cuando señalo la diferencia abismal entre un periódico y un periodista que para hacer negocio dejan a un lado todo reclamo ético, y los que asumen el riesgo y responden al desafío consigo mismos, de ser éticos, es decir, de echar sobre sus hombros el compromiso de la excelencia profesional puesta al servicio de los más altos propósitos de la sociedad.

Todo el extenso proceso del pensamiento ético nos ha conducido finalmente al hallazgo de que el ideal de todos los humanismos se concentra en la ética y que ésta es la expresión del más alto humanismo, puesto que los valores éticos no son otra cosa que la expresión de la excelencia humana.

Insisto en señalar la diferencia que separa a un periodismo de negociantes y mercaderes – que no necesita de la ética porque le estorba– de un periodismo ético que, parado sobre sus propios hombros, mantiene la tensión y la agonía de ser siempre mejor.

Esto en el papel se escribe fácil y aquí se dice de modo expedito. Pero hacer un periodismo ético, amigos, tiene sus dificultades. No volveré sobre esos temas usuales en esta clase de eventos de la invasión a la intimidad, del sensacionalismo y la crónica roja, de la violación del secreto sumarial, o el manejo torpe de las fuentes, o el arrodillamiento ante los poderosos, que son problemas reales y que requieren, más que la solución casuística, la consolidación  de unas actitudes y criterios. Prefiero ahora abordar otras dificultades para un periodismo ético, algunas de tal magnitud que para no afrontarlas, medios y periodistas han renunciado al ideal ético. Me refiero en primer lugar, por supuesto, a la empinada tarea de armonizar ética y dinero.

LA ÉTICA PUEDE SER NEGOCIO

La del periódico ético es una tarea ardua, que exige inteligencia y valor moral, porque se trata de recoger y seleccionar la noticia, de presentarla con cuidado, sin miedo a la competencia o a las reacciones de los interesados, sin favoritismos. Estoy utilizando expresiones que, aunque vigentes hoy, fueron escritas a fines del siglo XIX por el director del Emporia Gazette, William Allan White. En aquel momento ardía la lucha por la supervivencia económica de los grandes diarios.

Al mismo tiempo que aparecían, con aire y lenguaje de barbudos profetas, los periodistas con un sentido heroico de su profesión, se movían con agilidad ratonil los eternos roedores del queso del dinero, con unas enhiestas y sensibles antenas para detectar historias insignificantes pero divertidas, chismes caseros y de alcoba para convertirlos en picantes titulares; con ellos alternaban, aunque con jerarquía superior, los avezados cazadores que en la selva de hormigón venteaban escándalos con protagonistas de sonoros apellidos y de reconocido poder político, económico o social. Contrastaba con todos ellos una minoría de periodistas que Allan White distinguía por su sentido moral, su autorrespeto, calidad para ellos igual a una perla de gran valor, dotados de una aguda inteligencia y de un valor moral a toda prueba y capaces de arriesgar el dólar con tal de obtener la estima del grupo más sensato y decente de la comunidad. Hacer un periódico bajo los parámetros de la ética es una empresa difícil. Todas lo son, pero ésta tiene sus dificultades específicas. La más conocida es la ardua tarea de armonizar ética y dinero.

ÉTICA Y DINERO PUEDEN SER PAREJA

Las  actitudes éticas implican un riesgo económico, pero al mismo tiempo construyen esa base sólida de credibilidad y de respeto ante los lectores.

Un análisis realista indica que si la base más sólida para la economía de una empresa son sus clientes, la lealtad de los lectores – sean suscriptores o compradores diarios– es un activo fundamental para un periódico. Y esa lealtad es la respuesta a la credibilidad y la confianza que se construyen con cada edición del diario. Y cuando hablamos de credibilidad y de confianza estamos entrando en los terrenos de la ética.

Randolph Hearst, a pesar de sus conocidas prácticas de empresario, admitía sin embargo que el primer deber de un periódico, publicar la verdad, se funda en el hecho de que la información completa y exacta es la primera necesidad de los ciudadanos de una república. Anticipaba así uno de los principios medulares del informe Hutchins sobre la prensa libre y responsable, que urge el deber de entregar información completa y apegada a la verdad de los hechos.

A fines del siglo XIX, Pulitzer corregía algunas de sus prácticas empresariales y anunciaba un periódico más entregado a la causa del pueblo que a la de los potentados; propósito que haría suyo el fundador de la cadena Scripps Howard: “tengo un solo principio dificultar que el rico continúe enriqueciéndose y evitar que el pobre siga empobreciéndose.” Este director de diarios se alarmaba ante una prensa “dominada por los pocos ricos del país,” porque entendía que la razón de ser de la prensa es el servicio público. Pensamientos explicables en aquellos años. ¿Y en los nuestros?

También. La extensa investigación con periodistas de Estados Unidos, adelantada por el profesor Eugene Goodwin, hoy  catedrático en la Universidad de Pennsylvania, concluía que lo que se requiere es un periodismo que sirva al público con la verdad más precisa posible, que trate a las personas con compasión, que interprete y que explique. Y el director de Le Monde, Jean Marie Colombani, al hablar de la indispensable independencia de un periódico como distancia del poder político y de las pretensiones de los anunciantes, explicaba: “porque el diario que se pone de rodillas ante los anunciantes pierde su credibilidad”. Agregaba, sin embargo, que la financiación es la clave de la independencia de un periódico.

Es una convicción sabia y vieja. La expresaba Pulitzer al inaugurar uno de sus diarios: “para que un diario tenga utilidad debe tener circulación, porque esto significa avisos, los avisos significan dinero y el dinero nos da independencia”. Cité antes al creador de Scripps Howard y vuelvo a él porque agrega complejidades que no expresa el enunciado simplista de Pulitzer. Decía. “Un diario justo y honesto debe combatir los intereses de esa mismísima clase que le proporciona la mayor parte de ingresos a un diario”. El asunto, pues, no se puede plantear con la elementalidad de quien afirma sin más que en la empresa periodística es negocio bueno el que deja mucho dinero y malo el que arroja pérdidas. Para un periódico nunca será bueno tener pérdidas, pero no será necesariamente bueno tener muchas ganancias. Tampoco se puede proponer el tema como una elección entre ser éticos o ser rentables, como si la ética excluyera los buenos negocios en periodismo. Lo anotaba Donald Graham, cuando era editor del Washington Post: “las ganancias no son incompatibles con el buen periodismo”.

Hay, pues, dos extremos viciosos: el que asocia la ética con pérdidas, y el que maneja un periódico como una empresa cualquiera, cuyo primer mandamiento es ganar dinero. Entre esos dos extremos está el punto de equilibrio: la ganancia subordinada y al servicio de un buen periodismo. Un periodismo ético, desde luego, no es tan buen negocio a corto plazo como el no ético, pero no deja de ser buen negocio; y será mejor a largo plazo, cuando puede contar con la lealtad de los lectores, esa garantía que solo se construye con  credibilidad y confianza. Con todo, sería ingenuo concluir que los periódicos éticos  son los únicos que duran y se consolidan como empresas. Una conclusión así ignoraría el hecho de las poderosas empresas de periódicos sensacionalistas, consolidadas por la lealtad de unos lectores que reclaman su dosis diaria de sensación y pagan por ello con la misma devoción de los drogadictos.

Lo que falla en este razonamiento es que se pretende medir el resultado de ser ético o de no serlo, por el éxito en el mercado, no por la influencia real y positiva del periódico en la vida de la sociedad. Se trata, por tanto, de sacar la discusión ética de los libros de contabilidad, pero sin ignorarlos. En una empresa periodística no se puede hablar de ética sin referencia a su economía, y es indispensable que las preocupaciones económicas estén atravesadas por la ética. Cualquier intento de divorcio entre la ética y el dinero resulta tan costoso para la empresa como divorciarse de una actriz de renombre.

ÉTICA Y CALIDAD SE NECESITAN

Quiero explicarme con un ejemplo, el de la calidad, que es a la vez argumento de ventas y punto de encuentro de las virtudes profesionales de periódico y periodistas. Es un factor  en el que convergen el interés de la gerencia y las preocupaciones de la sala de redacción.

Desde luego, medir la calidad de un periódico no es lo mismo que hacerlo con un automóvil, con un traje o con una bebida. Para medir la calidad de estos productos hay estándares claros y cuantificables, los instrumentos para medir la calidad periodística  tropiezan con dificultades de consideración al intentar detectar y medir los elementos de que está hecha la calidad periodística. Así aparece en el VAP, o Valores Agregados Periodísticos de la Universidad Católica de Chile, o el PCP, Percepción de la Calidad Periodística, de la Universidad Católica de Buenos Aires, o el proyecto para un Periodismo de Calidad de la Fundación Prensa y Democracia y la Red Periodismo de Calidad de México.

¿La calidad de un periódico es, como en los demás productos, lo que convence al consumidor para comprar?

¿O  es calidad lo que contribuye a cambiar algo todos los días, según la citada expresión de García Márquez?

Cuando consulto los  criterios que han guiado a directores y grandes periodistas del pasado y del presente, encuentro un catálogo tan variado como el de la VAP con sus 55 variables de medición de la calidad, pero como ustedes lo observarán, todas se apoyan en valores éticos. Estos valores éticos no operan desde afuera, como las leyes; se incorporan desde dentro, por decisión personal de cada individuo; los adopta cada periodista como claves de su éxito profesional y de su felicidad. Están ligados de modo indisoluble a la calidad técnica del ejercicio periodístico. Así como es imposible separar al sol de la luz y del calor, o a la flor del color y del perfume, en periodismo la ética y la técnica son una sola cosa…es una realidad que los más lúcidos empresarios de la prensa han incorporado a sus objetivos prioritarios, porque han entendido que es imposible ofrecer productos de alta calidad periodística si el ejercicio profesional no está atravesado por los valores éticos. Un periodismo sin ética está irremediablemente condenado a la mediocridad o a una calidad indigna de la inteligencia.

Esta fusión de ética y técnica es la clave de la identidad profesional, otro de los arduos problemas que debe enfrentar una empresa periodística regida por valores éticos.

LA IDENTIDAD PERIODÍSTICA

En el siglo XIX escribía indignado Horace Greeley, director del Tribune: “creen que el periodista no tiene más jerarquía que el camarero de un restaurante, de quien se espera que sirva el plato que se le pida.” Esto se leía  en el Tribune cuando aún no se había insinuado siquiera el proceso que a finales del siglo XX convirtió a los medios de comunicación en dependencias de los grandes complejos empresariales, industriales o financieros; un fenómeno que ha convertido al periodista en un trabajador improductivo, porque su producto, la noticia, no es, no debe ser comercializable.

La claridad con que Greeley diferenciaba al camarero, cuyo negocio es tener satisfecha a la clientela, del periodista, cuya tarea es mantener informados a sus lectores sin consultar sus preferencias, es una claridad de identidad que se ha perdido. La lógica comercial, aplicada al trabajo periodístico, ha trastornado la conciencia de la identidad profesional. El periodista no siempre tiene claro si lo suyo es interpretar o atender las demandas de los lectores con dosis de entretenimiento y de sensación, o estimular su pensamiento mediante una provisión diaria de conocimiento de la realidad. Esta confusión sobre su tarea es una fuente inagotable de dilemas éticos y está fundada en el hecho que hoy se refleja en los kioscos en donde el lector puede escoger entre los periódicos a la carta, hechos con la lógica y la sumisión del camarero, en todo diferentes de los periódicos que defienden la autonomía de su agenda informativa, asediada por los caprichos y veleidades de los consumidores y tantas veces por la presión del departamento comercial.

La identidad profesional resuelve de una vez por todas para quién trabajan el periodista y su medio, y da por cerrada la discusión sobre el dilema, o entretenimiento o información integral. La falta de esa definición  se ve en esos periódicos a la carta, mezcla confusa de parque diversiones, oficina de relaciones públicas, catálogo de ventas, con islotes de información y de opinión. Son platos para todos los gustos, preparados para satisfacer a todos los paladares. Dan lo que les pidan con la misma diligencia del más eficiente y profesional de los camareros

Cuando hay definición de la identidad profesional, esta se refleja en el periódico con identidad profesional, que desconoce el talante del camarero, porque no espera  que le dicten la orden puesto que él tiene su propia orden, la que le imponen los  siempre imprevisibles hechos de cada día. Una clave de esa identidad es que no se esperan órdenes de la clientela porque el periodista tiene su propio producto para entregar: la historia de cada día, la que más sirve al interés, no a la curiosidad, de sus lectores porque lo del periodista no es entretener ni divertir a nadie, sino informar a todos. Cuando periodista y periódico tienen esto claro, exhiben una identidad profesional sólida, que es el fundamento de un perfil ético definido.

Ese perfil está apareciendo desdibujado y borroso a la hora de hacerle frente al fenómeno Internet, que es el otro problema..

INTERNET

La aparición y el éxito arrollador de Internet ha desencadenado en las redacciones de los periódicos  las demencias del terror que estimulan los profetas de desastres. Un ejecutivo de Microsoft anunció con impavidez de contador, que el último ejemplar del New York Times circulará en 2018, y contaba el profesor Philip Meyer que alguien le había dicho que el último diario impreso será leído en octubre de 2044. El profesor ironizó rectificándole a su interlocutor: mis informaciones dicen que será en ese año, pero en el mes de abril. Estos anuncios apocalípticos y el terror ambiente que generan no están dejando ver que  el verdadero problema es que, enredada en la lógica comercial, la prensa ha debilitado su identidad profesional y ha retrocedido.

Y por eso tiene dificultad para ver en internet una oportunidad. Los periódicos habían apostado a la sobreinformación  : cada vez más noticias en menos espacio, cada vez más velocidad para informar en el lugar y en el momento mismo de los hechos; al aparecer Internet con sus dones de ubicuidad e instantaneidad, cundieron el desconcierto y el pánico que no dejaron ver que “ cuanta más información  más se necesitan la distancia que dan la historia y el conocimiento. La sola información no alcanza a producir conocimiento como” advertía Dominique Wolton, en el foro Los desafíos en la encrucijada del siglo XXI, convocado por Clarín, de Buenos Aires. Allí Wolton,  ante la pregunta sobre el periodismo que habrá dentro de una década, agregó: “la esencia del periodismo dentro de 10 años va a ser siempre validar la información. La permanencia del periodismo dependerá de tener un grupo humano, ya no podremos trabajar  en forma individualista. Se necesita un grupo con códigos deontológicos que nos comprometan con valores. Cuanta más información tenemos, más debemos seleccionar esta información y el periodista juega en esto un papel muy importante.”

El periodista que había apostado al papel de entretener, ha quedado en una desairada y desigual posición ante una industria del entretenimiento, fortalecida con los recursos de la tecnología; diarios y periodistas habían optado por la noticia breve y rápida, primero para enfrentar a la televisión y ahora para responder a internet que arrasó sus pretensiones con su omnipresencia e instantaneidad. Es un hecho que si periódicos y periodistas quieren responder al reto de las nuevas tecnologías, deben recuperar su identidad, es decir, volver a ser lo que siempre debieron ser.

El problema es, pues, de identidad profesional y cuando hablamos de identidad periodística estamos hablando de un problema ético, o sea el deber ser del ejercicio profesional. La amenaza no está en Internet; esta tecnología sólo ha puesto en evidencia las debilidades del periodismo en un medio tradicional como el impreso; la amenaza está en nosotros.

Las cifras son conocidas y no voy a incurrir en la obviedad de citarlas, también lo son las causas; a ellas aludía Sandro Vaia, jefe de redacción de O Estado, de Sao Paulo en el seminario sobre los desafíos del periodismo real. Allí enumeró los puntos débiles que han contribuido a la crisis: la autocomplacencia que desterró la autocrítica; la irrelevancia, el olvido del público lector que dio origen a periódicos para periodistas, para fuentes o para poderosos, la monotonía, la rutina, el exceso de conferencias de prensa y de política pequeña y la desaparición de la vida real.

En un informe sobre la crisis de circulación  de los periódicos, El País de Madrid enumeró  las soluciones que se están preparando: hacer noticias más cortas, al estilo de la televisión; reingeniería de las salas de redacción, privilegiar el análisis y la interpretación sobre la noticia y como última propuesta: redacciones y periodistas con un sentido de misión, es decir los periodistas que deben ser

Al cabo de tantas experiencias, teorías y errores se ha venido a demostrar que la empresa periodística necesita credibilidad con más urgencia que rotativas. Un cambio de máquinas hubiera sido más sencillo para el New York Times que la recuperación de su credibilidad herida por los 36 errores, mentiras o ficciones de Jayson Blair en 73 artículos. Hablar de credibilidad es hablar de una ética que atraviesa como alma, hasta las más sofisticadas de las técnicas.

Con todo, el dilema se mantiene, si ustedes quieren hacer de sus periódicos unos negocios de éxito inmediato, no necesitan la ética, pero no esperen de un periódico así la respetabilidad y la fuerza moral que permiten influir en la vida de la sociedad. Harán sí un periódico capaz de defender con eficacia el negocio y las ganancias, pero no la libertad ni la democracia.

Para lograr esto será necesario un sentido moral y sobre todo un valor moral capaz de subordinar los propios intereses a los de toda la sociedad y de colocar el lucro en el segundo lugar de las  prioridades, porque el primero siempre debería estar ocupado por el interés público, que es lo que espera de un periódico el grupo más sensato y decente de la comunidad.

En el Reporte 2006 del Proyecto por la Excelencia del Periodismo, subrayé, entre otros dos hechos: la afirmación de un alto ejecutivo de televisión en una conferencia: “el yunque ético ha sido levantado.” Fue una notificación de que las nociones tradicionales de decoro habían dejado de existir, comentó el informe.

El otro hecho quedó registrado al final del documento en el que los autores admitieron que el panorama para los medios es sombrío.

Sin embargo,  manifestaron, hay indicios de algo positivo. “La respuesta, sospechamos, no está solo en las estrategias de negocios que patrocinan a los periódicos, sino en el periodismo. Y si la historia sirve de guía, sabemos que los dos lados –negocio y periodismo- no podrán prosperar a menos que trabajen al unísono.” No tiene sentido convertir las empresas en campos de batalla. Quiero creer que así debe ser.

EL RETO DE SEDUCIR A LA NUEVA AUDIENCIA

Relatoría de Maricella Arias Morales

La Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), la Corporación Andina de Fomento (CAF) y la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), con el apoyo de la Fundación Empresarial para la Acción Social (Fundemas), organizaron el Taller de Periodismo Digital con Jean-Francois Fogel y Guillermo Culell, que se desarrolló en Lima, Perú, del 12 al 16 de noviembre de 2007.

INTRODUCCIÓN

Internet entró en su tercera etapa. Atrás quedó la Web 2.0, caracterizada por el uso de buscadores de información y la aparición de las primeras comunidades de usuarios, y más lejos aún está la primera fase, cuando la novedad era el navegador. Con esta premisa empezó en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), de Lima, el Taller de Periodismo Digital, al que asistieron 18 profesionales de diez países latinoamericanos.

El encuentro conducido por los maestros Jean-Francois Fogel, de Francia, y Guillermo Culell, de Argentina, fue un espacio de aprendizaje y reflexión sobre lo que estamos haciendo los periodistas en Internet y, más aún, sobre aquello que no estamos haciendo en esta tercera etapa marcada por el crecimiento galopante de las redes sociales, como Facebook, Hi-5 y MySpace, y la configuración de la audiencia.

¿Estamos trabajando de espaldas a los usuarios, sin conocer bien su perfil y su comportamiento? ¿Somos conscientes de que ellos tienen cada vez mayor capacidad de decisión sobre los contenidos que difunden en la red? ¿Cómo debemos enfrentar este nuevo período de cambios acelerados en Internet y cómo aprovechamos mejor la tecnología? Estas fueron algunas de las preocupaciones discutidas en cinco días intensos de taller.

Otro tema fascinante fue la aplicación de nuevas herramientas tecnológicas, como los “apis”, “mushups” y “widgets”, en el diario oficio de informar. Además de potentes, ya que permiten, por ejemplo, ubicar la noticia en un mapa geográfico y añadirle videos, galería de fotos y audio, estos recursos son gratuitos y de libre disponibilidad, es decir, no añaden costos de producción y son un reto a la creatividad.

Lo descrito hasta ahora es apenas un abrebocas para lo que viene. Por razones prácticas, esta relatoría está dividida en cuatro grandes temas:

– ¿Dónde estamos en Internet y periodismo digital?

– La configuración de las audiencias.

– Las herramientas tecnológicas.

– El sitio, la redacción digital y el papel.

En poco más de una década, el periodismo en Internet se ha consolidado –a decir de Fogel– como la nueva prensa, con identidad y lenguaje propios, y con una efectividad nunca antes imaginada que está remeciendo y haciendo tambalear a los medios tradicionales.

¿DÓNDE ESTAMOS EN INTERNET Y PERIODISMO DIGITAL?

Entender qué sucede en la red a finales de 2007 es fundamental para decidir hacia dónde deben apuntar nuestros sitios periodísticos. Jean-Francois Fogel empezó su presentación advirtiendo que hemos ingresado, otra vez, a un período de “cambio y convulsión tremendo”, en el que habrá ganadores y perdedores como ha ocurrido antes. Esta nueva etapa exige al periodista dinamismo e iniciativa para identificar y conquistar a la audiencia.

Al hacer un poco de historia, recordó que Internet nació en 1990 con la aparición de Arpanet, una pequeña telaraña de computadoras creada por el Departamento de Defensa de Estados Unidos. Sin embargo, el periodismo no existió en la red hasta que llegó, el 15 de diciembre de 1994, el primer navegador de contenidos: Netscape 1.0, que  permitía ir de una página a otra. Esto marcó el inicio de la primera etapa en la prensa digital y los dos años siguientes fueron bastante auspiciosos para su desarrollo.

Luego, entre 1997 y 1998, irrumpieron los motores de búsqueda con los que se empezó a hablar de una segunda etapa. Google, que es hasta hoy la ruta más usada en el mundo para encontrar información, cambió la actitud de los usuarios e instauró el concepto de que en la red todo es gratis. Para Guillermo Culell el gran éxito empresarial de Google es directamente proporcional al crecimiento de Internet.

Esta segunda fase en la red concluye con la asimilación del concepto Web 2.0, acuñado por O’Reilly Media en 2004 para referirse a la generación digital basada en comunidades de usuarios y servicios como blogs y wikis, que fomentan el intercambio ágil y gratuito de información.

De acuerdo con Fogel, desde 2006 vivimos una tercera etapa en Internet, caracterizada por la fuerte presencia de lo tecnológico, la potencia de redes sociales como Facebook, Hi-5 y MySpace, y la configuración de las audiencias. “Ahora la audiencia decide más y este es un nuevo peligro para la prensa, incluso la digital. En Facebook las personas se agrupan en subgrupos y hacen circular la información que les interesa”, reflexionó.

De inmediato, los talleristas aportaron experiencias sobre la masificación de las redes sociales. La ecuatoriana Andrea Alvarez, de El Universo, dijo que en su país Hi-5 es la página más visitada, por encima de Google, según Alexa.com, que informa sobre la cantidad de ingresos de un sitio web. El argentino Iván Adaime, del Grupo de Revistas de La Nación, agregó que en el mundo las 10 primeras páginas más visitadas pertenecen a redes sociales.

Y Culell puso el dedo en la llaga. Sostuvo que los periodistas, en nuestro trabajo diario, no estamos muy atentos al crecimiento de estas redes sociales, aunque como usuarios en muchos casos seamos parte de ellas.

Elaboró, con la participación de los talleristas, una lista de hasta 20 formas de acceder a la información en Internet:

1.- Portada del sitio (home)

2.- Redes sociales

3.- RSS

4.- Buscadores

5.- Alertas

6.- Blogs

7.- Mensajes de texto por celular

8.- Wikipedia y enlaces

9.- Avisos de Google personalizados

10.- Podcast

11.- Listas de correo

12.- Correo electrónico individual

13.- Marcadores sociales

14.- Favoritos de los navegadores

15.- URL de otros medios

16.- Directorios

17.- Google News

18.- Links a comentarios

19.- Gadgets y didgets

20.- Enlaces recomendados

“La mayor parte de los periodistas digitales seguimos pensando con las categorías del medio tradicional en la cabeza, creemos que la portada de nuestra web es la portada del diario, pero hay 19 maneras más de entrar a nuestras noticias y los jóvenes, que constituyen el sector de usuarios más creciente en la red, utilizan cada vez más esos canales”, remarcó Culell.

En consecuencia, es importante tener en cuenta cómo llega el usuario a la noticia para organizar mejor nuestra producción de informaciones. Como dato curioso, Fogel anotó que solo el 20% de usuarios de los blogs de Le Monde entra por acceso directo y el 80% lo hace por otras vías.

Otro aspecto que los periodistas debemos considerar es que ya no tenemos el monopolio de la información. Ahora, el usuario también produce noticias y edita contenidos en texto, audio, video y otros formatos. Inclusive, existen blogs que tienen más visitas que el sitio de un gran diario. Entonces uno se pregunta ¿dónde está ahora el papel específico de los periodistas? Un ensayo de respuesta fue: en interpretar a la audiencia y captarla.

El tema medular, como lo definió Fogel, es que los periodistas siempre llegamos tarde a los acontecimientos, pero queremos ser los primeros. Y para eso debemos dar la pelea. Hace rato que la gente se comunica y se informa de manera distinta a través de las redes sociales y los periodistas recién empezamos a entender y asimilar esa realidad.

Ya no alcanza tener una buena agenda y saber escribir. Ahora tenemos que buscar la excelencia no sólo en el texto –armando titulares fáciles de hallar en los buscadores– sino también en los demás “pedazos” del sitio (audios, videos, fotogalerías, blogs, alertas, enlaces, pdf, foros, encuestas, podcast, newsletter, multimedia, etc.), porque nuestra audiencia puede elegirnos para consumir solo uno o dos de estos productos.

A fines de 2007 la tendencia en los sitios de noticias es tener en cuenta y hacer participar cada vez más al usuario, tratar de impactar más en los motores de búsqueda para llegar de manera más efectiva a la audiencia, y usar más recursos audiovisuales. Además, con el fin de reducir costos, se intenta producir tecnología propia a partir del uso de softwares libres y códigos abiertos, para no tener que comprar programas.

LA CONFIGURACIÓN DE LAS AUDIENCIAS

Es difícil desarrollar un sitio periodístico en Internet trabajando a ciegas. Por eso, es necesario conocer bien a nuestra audiencia, saber quiénes son, qué visitan y cómo navegan. Descubrir qué grupos de usuarios tenemos.

Los maestros coincidieron en que debemos hacer periodismo, en el mundo digital que estamos viviendo, con los tipos de lectores que tenemos, y no tratar de llevar el universo del periodismo tradicional al espacio virtual. Google News ya lo hizo: sistematizó las noticias de acuerdo a sus usuarios.

Fogel refirió que el estudio ¿Qué está haciendo la audiencia?, de Forrester Research, clasifica a los internautas en seis categorías:

–         Los creadores. Publican webs, escriben blogs y suben audio y video.

–         Los críticos. Dejan sus comentarios en todo espacio disponible.

–         Los colectores. Usan RSS y etiquetas para obtener data determinada.

–         Los que contactan con otros. Se inclinan por las redes sociales.

–         Los espectadores. Leen blogs, escuchan podcasts y ven videos.

–         Los inactivos. Están en línea, pero no participan activamente de nada.

Según este informe, los jóvenes de 12 a 26 años son en su mayoría usuarios de redes sociales, espectadores, creadores y críticos, en ese orden; mientras que las personas de 40 a más son masivamente inactivas. Los periodistas digitales tenemos que ser conscientes de estos comportamientos en Internet y aprovechar, como lo hacen los usuarios, programas gratuitos como YouTube, Flickr, Evoca y otros para producir y difundir contenidos.

También es necesario identificar a los nativos digitales y a los inmigrantes, y decidir si queremos satisfacer a ambos o enfocarnos principalmente a uno de ellos en nuestro sitio.

Los nativos digitales nacieron con el mouse en la mano. Son los jóvenes de la generación de los videojuegos y el chat. La interactividad es su forma natural de de relacionarse. Realizan conexiones simultáneas (conversan con varias personas a la vez) y tareas múltiples (mientras chatean, ven un video o buscan datos). Además, comparten información y la hacen circular.

Los inmigrantes avanzan en una frecuencia más lenta. Se han integrado a Internet por necesidad. Mientras los nativos buscan información mediante las etiquetas (tags), los inmigrantes se aferran a las secciones, porque crecieron consumiendo medios tradicionales.

Es posible que en los próximos años nuestro gran público esté constituido mayormente por nativos digitales. Por lo pronto, se sabe que la audiencia en Internet utiliza cada vez más recursos como las votaciones, el RSS, la personalización de los contenidos, los testimonios y los espacios para ser creadores de la información. Hay mayor participación.

Un ejemplo dado por Fogel, en ese sentido, es la cobertura de BBCMundo del atentado en Londres, el 7 de julio de 2005. Este medio recibió de sus usuarios 20 mil correos electrónicos, dos mil fotos y 20 videos. Como consecuencia, se creó la plaza de editor de la audiencia. Este puesto y el de monitor de la blogósfera son cada vez más frecuentes en los sitios.

Ante este nuevo panorama en Internet, el grupo Le Monde creó este año el sitio experimental Le Post, en el cual –según Fogel– se trató de reemplazar los cinco mandamientos del periodismo por nuevas premisas: la jerarquía de las notas se cambió por un caudal de noticias cronológicas; los temas y secciones, por los tags; la acción limitada de la audiencia, por herramientas compartidas; el aislamiento, por la posibilidad de que los usuarios puedan agruparse y producir de manera colectiva un contenido; y la sumisión a la agenda del medio, por la creación de una agenda desde la audiencia.

En Le Post la redacción tiene la capacidad de moderar a la audiencia y sólo un privilegio más respecto a ella: decide qué va en la portada.

El reconocer al usuario como proveedor útil de contenidos, ha generado un doble temor entre los periodistas, pues al viejo miedo de tener periodistas sin medios se ha sumado el nuevo temor de tener medios sin periodistas.

Sin embargo, para Culell este momento de gran cambio es también una oportunidad para la creatividad. “Hay que modificar categorías y mantenernos abiertos, vivir en un estado de proyección pues estamos haciendo un prototipo no un modelo terminado. El futuro del periodismo en Internet es ahora más periodístico que industrial”, remarcó.

Para convivir con la audiencia en la red y mantenerse en primera fila, dijo, es necesario encontrar buenas fuentes de información, hacer preguntas adecuadas, publicar un lead atractivo, encantar a los internautas siendo los mejores contadores de historias, incluir el humor en nuestra producción y no tenerle miedo al intento.

LAS HERRAMIENTAS TECNOLÓGICAS

Para trabajar en Internet hay que empezar desterrando dos fantasmas sobre la tecnología: uno, que es difícil, complicada e imposible de entender; dos, que es costosa. Sólo hace falta voluntad y curiosidad para descubrir, comprender y manejar tanto software como hardware.

Los maestros remarcaron que la actitud del periodista debe inclinarse siempre a aprehender el lenguaje de los ingenieros y técnicos de Sistemas y, a la vez, enseñarles los criterios de nuestra profesión. Si no se conocen algunos términos se debe revisar Wikipedia o acudir a otras fuentes.

Entre los conceptos de dominio imprescindible para un periodista figuran:

–         CMS (Counter Manager Sistem): Módulo de carga de información.

–         Outsourcing: Servicios proveídos por un tercero.

–         Open source: Tecnología gratuita de código abierto.

–         Tecnologías Lamp: Subsistemas necesarios para configurar sitios web o servidores dinámicos con un esfuerzo reducido.

–         Sistema operativo: Conjunto de programas que comienza a trabajar cuando se enciende el computador, y gestiona el hardware desde lo básico permitiendo interactuar con el usuario. Un ejemplo, Linux.

–         Servidor web: Programa que implementa el protocolo http, diseñado para transferir hipertextos, páginas web o páginas HTML con enlaces, archivos, formularios, botones y otros. Apache, por ejemplo.

–         PHP: Lenguaje de programación usado para crear contenido en sitios web con los que se programan páginas HTML y códigos de fuente.

–         ASP: Plataforma de programación en web estrechamente relacionada con el modelo tecnológico de  Microsoft, su fabricante.

–         Ancho de banda: Cantidad de datos que se pueden transmitir mediante la red en una unidad de tiempo.

Culell pidió a los talleristas que contaran cómo operan sus sitios cada día, en lo que respecta a tecnología. Terminada la ronda de 18 intervenciones, se concluyó que en la mayoría de sitios los expertos de Sistemas reportan a los jefes de esas áreas de la empresa y no a los editores de la web.

Como bien remarcó Fogel, el manejo de la tecnología no tiene como fin lograr el poder, sino saber dónde nos movemos y tener el control de lo que sucede para hacer cambios en nuestro sitio y hablar mejor con la audiencia.

En lo tecnológico, la tendencia en los sitios periodísticos a escala mundial es clara: se prefiere producir tecnología propia, in house, con recursos open source, gratuitos y de código abierto, que comprar paquetes amarrados al sistema creado por un solo fabricante. Así, se ahorra mucho dinero y se tiene mayor flexibilidad para crear nuevos productos.

En este contexto de libre disponibilidad de recursos en Internet, que son tomados gratuitamente, mejorados y ofrecidos nuevamente a los usuarios de la red, destacan tres productos por su utilidad, efectividad y potencia: los apis, mashups, widgets y gadgets, utilizados, más que por periodistas, por cibernautas en general. ¿Otra vez estamos llegando tarde?

API (Interfaz de Programación de Aplicaciones) es un programa o módulo prefabricado que permite ser llamado desde cualquier sitio e integrado con programaciones de nuestra web para que invoque productos. Por ejemplo, son apis los Google Maps y las fotogalerías con imágenes de Flickr. Justamente en Flickr existe una lista enorme de apis que hacen distintas funciones y tienen código abierto.

El mashup o remezcla es la combinación de apis. Así como los weblogs han revolucionado la publicación en línea, los mashups están revolucionando el desarrollo web, pues permiten que cualquiera con conocimientos técnicos mínimos combine, de forma innovadora, datos que existen en eBay, Amazon.com, Google, Windows Live y Yahoo!

En Programmableweb.com se encuentran los últimos apis y mashups”creados, las combinaciones posibles y los gráficos de crecimiento de creación de estos productos. En sólo seis meses la elaboración de mashups creció de 1,900 a 2,500, según este sitio.

El widget es una pequeña aplicación o programa que da fácil acceso a funciones usadas frecuentemente y provee información visual. Puede hacer todo lo que la imaginación desee e interactuar con servicios e información en Internet. Los “widgets” pueden ser vistosos relojes en pantalla, agendas, calculadoras, calendarios, juegos, ventanas con datos del clima, en fin.

Los widgets de escritorio también se conocen como gadgets, una nueva categoría de mini aplicaciones diseñada para proveer de información o mejorar una aplicación o servicios de un ordenador o computadora.

El ejercicio sobre uso de mashups desarrollado por los talleristas dejó ideas posibles de poner en práctica en cualquier sitio web, como Fútbol Ahora! que combinaba Google Maps con el fixture de los partidos del torneo local, videos de la jornada subidos a YouTube, audio y textos.

La aparición de todos estos recursos gratuitos, que se combinan mejor cuanto mayor es la creatividad y el conocimiento de quien los usa, está provocando en algunas redacciones digitales que la figura del periodista-programador cobre cada vez más fuerza.

EL SITIO, LA REDACCIÓN DIGITAL Y EL PAPEL

Un buen sitio periodístico en Internet no surge de la noche a la mañana. Culell recomendó primero concebir una idea clara de lo que queremos y luego definir el producto, apoyándonos en estudios de mercado y precisando a qué usuarios queremos llegar, cuáles son sus edades y cómo navegan. También se requiere un equipo humano con habilidades distintas.

Una vez elaborado el proyecto periodístico, hay que evaluar la demanda publicitaria y enamorar a este mercado. Estos dos elementos, junto a la definición del producto, “deben funcionar en un equilibrio perfecto”.

El presupuesto es el ancla en la realidad, hay que ser inteligentes en los gastos. Además hay que tener un plan de negocios, que incluya planilla de personal, sueldos, flujo de caja, tráfico, escenario de crecimiento, etc.

Luego se debe armar la grilla o plantilla para el diseño, definir y ordenar tanto la publicidad como los contenidos informativos. Una sugerencia: no producir más contenido de lo que la gente puede consumir. Para el diseño, Culell recomendó aplicar las Diez Leyes de la Simplicidad, de John Maeda.

Con el sitio en marcha, es indispensable analizar permanentemente la curva de la audiencia, los horarios de conexión y la ejecución del presupuesto.

REDACCIÓN DIGITAL Y CONVERGENCIA

Durante el taller, los dos maestros se mostraron escépticos respecto a la convergencia de las redacciones del medio digital y del diario impreso. Sin embargo, no desestimaron la colaboración que puede existir entre una y otra en temas puntuales. Fogel se preguntó ¿para qué se hace una fusión si no va a cambiar la rentabilidad de la empresa y la calidad del producto?

La redacción digital funciona con actualización constante al ritmo de Internet, tiene un lenguaje hipermedia propio y su estructura jerárquica es horizontal. En el papel, en cambio, se trabaja con una proyección de 24 horas, lenguaje plano (texto e imagen), y jerarquía piramidal.

La palabra convergencia tiene, según Fogel, cinco significaciones:

– Capitalística: Cuando un grupo posee medios de diferentes soportes.

– Tecnológica: Toda la información proviene de una plataforma única.

– De contenido: Se usan todos los medios para tener una versión completa.

– Redaccional: Una misma redacción produce para varios medios.

– Periodística: Cuando un periodista es pluri-media.

El tema de la convergencia surgió con fuerza en 2005. Aquí algunos casos citados por el maestro francés:

The New York Times le dijo sí a la fusión, pero ésta sigue siendo algo caótica porque algunos editores del papel aportan a la web y otros no.

Washington Post, Le Monde, El País y Clarín le dijeron no. Tienen redacciones separadas y sus medios digitales crecen independientes.

Usa Today tiene un “desk” o equipo de vigilancia. El editor de Deportes, por ejemplo, ve papel y web, pero en el cierre entrega el sitio al “desk”.

The Wall Street Journal no ha logrado cuajar la convergencia.

Financial Times ha fusionado los desk del impreso y del digital en una nueva sala de prensa multimedia.

MSNBC se creó en 1997 para producir radio, TV por cable y un sitio en Internet, que hoy tiene el 25% de penetración en Estados Unidos mientras que la audiencia de la señal televisiva continúa bajando.

Al margen de las discusiones sobre la pertinencia o no de la convergencia –que tienen que ver con la naturaleza de las actividades de cada medio y la cultura de la empresa– lo innegable es que la producción del sitio se está fortaleciendo y diversificando. Mientras que la audiencia de la web sube, la lectoría del papel se estanca o disminuye.

Y para terminar, regresamos al tema de las audiencias. Éstas, que son el fin supremo de todos los medios de comunicación, también tienen actitudes distintas: el lector de periódico se inclina hacia atrás, deja que los contenidos vayan hacia él, es pasivo; en tanto que el usuario de Internet se inclina hacia adelante, busca contenidos, elige, interactúa, es más demandante y activo.

En la tercera etapa en la que se encuentra Internet esa actitud demandante y activa se percibe mucho más, y la mayoría de usuarios está satisfaciendo sus necesidades de información no a través de los sitios periodísticos, sino mediante Google News, redes sociales, blogs y otras páginas elaboradas por profesionales de otras áreas.

Por eso, el periodismo digital, que está llegando tarde a este nuevo proceso de cambios acelerados, corre serio peligro si no cambia de actitud y se dedica a seducir y captar a la nueva audiencia. “Este taller fue extremo, pero el momento también lo es”, sentenció Fogel.

EN EL PRINCIPIO ERA EL DISCURSO

Por Marco Méndez

El estudio del discurso y su abordaje, implica, para el autor de este ensayo, la mirada multidisciplinaria. Siguiendo esta ruta, se propone que las humanidades y las ciencias sociales se han transformado en gran parte en disciplinas discursivas.  El mundo, la denominada realidad, se da en tanto es definida por el discurso. El sentido se construye y se actualiza en el proceso mismo del discurso. Desde esta perspectiva, el discurso periodístico se propone como el simulacro de los hechos. “Los discursos periodísticos son, entonces, constructores públicos de una realidad social de naturaleza simbólica. A través de ellos se recategorizan sociocognitivamente los fenómenos del acontecer”.

Sin ser semiólogo, lingüista, sociolingüista o algo similar, y más allá de que sus intenciones eran kerigmáticas (proclamación, anuncio de la buena nueva de Jesucristo), San Juan, al inicio de su evangelio, soltó una frase que bien podrían los lingüistas y semiólogos pensar en adoptarla como lema o por lo menos como inspiración: Εν αρχή ην ο λόγος (en arjé en o logos: en el principio era la palabra o en el principio era el discurso o en el principio era el verbo, según se adopte alguna de las acepciones griegas de la palabra λόγος).

Hans G. Gadamer, Ernst Cassirer, Martin Heidegger, Ludwig Wittgenstein, Mijail Bajtin, George Steiner, cada uno desde una perspectiva y matiz peculiar, estarían de acuerdo con la idea del lema, pues fueron ellos, junto a otros, quienes a través de sus escritos reivindicaron la naturaleza creadora e institucionalizadota del lenguaje, dejando en claro que la palabra y el lenguaje en sí no son meras herramientas que sirven para dar cuenta de ideas previamente formadas en el intelecto, sino que, como lo hace recordar Albert Chillón, las ideas se forman solo en la medida que son verbalizadas.

“Conocemos el mundo, siempre de modo tentativo, a medida que lo designamos con palabras y lo construimos sintácticamente en enunciados…Más allá de la percepción sensorial inmediata del entorno o del juego interior con las sensaciones registradas en la memoria, el mundo solo adquiere sentido en la medida en que  lo traducimos lingüísticamente”[1].

Añadiríamos o más bien precisaríamos,  siguiendo la línea que traza Charaudeau, que el sentido del mundo se forja en el discurso, es decir que no solo empalabramos el mundo sino que lo discursivizamos. No habría entonces otra manera de encontrarle sentido al mundo, de darle sentido al mundo que en el discurso.

¿En el principio era el discurso? No suena tan mal a la vista del interés mostrado en los últimos años por  los estudiosos sobre este concepto.

Porque resulta innegable  que algo tiene el discurso ya que como disciplina, nos recuerda Harvey, se ha convertido en un componente importante, no solo del trabajo de los investigadores, sino que se ha constituido también en un aspecto importante de los estudios de licenciatura, diplomado y postgrado en diferentes especialidades pertenecientes a las ciencias Humanas y Sociales en América Latina. Ese interés es el que ha terminado enriqueciendo el mismo estudio del discurso, un estudio que tiene como una de sus características el ser reflexionado y analizado desde diversas perspectivas lo cual le configura uno de sus rasgos fundamentales: la multidisciplinariedad.

Al mismo tiempo, los estudios del discurso y su aplicación a través del análisis del discurso están mostrando su validez y eficacia en ámbitos cada vez más diversos[2]. No extraña por ello que Gonzalo Abril[3] recalque el valor del discurso como espacio de encuentro entre problemáticas de diversa índole: semióticas y linguísticas (textos, procesos de enunciación); sociológicas (la acción social las instituciones, el ejercicio del poder) y culturológicas (los modos locales de interpretar, la organización del espacio simbólico, la expresión).

Teun Van Dijk lleva el entusiasmo por el discurso un poco más allá al plantear que no resultaría exagerado afirmar que las humanidades y las ciencias sociales se han transformado en gran parte en disciplinas discursivas, y fundamenta ello explicando que los estudios del discurso forman en estos momentos un amplio campo de investigación “con tantas especializaciones que resulta imposible para una persona poder incluso evaluar el alcance de los estudios contemporáneos del discurso”. [4]

Charaudeau y Maingueneau coinciden en subrayar la perspectiva multidisciplinar, entendiéndola como un punto de cruce[5]. Para ellos el discurso se ha impuesto gradualmente, hasta hacerse necesario no solo para los investigadores que deben verse con el lenguaje en sus diferentes aspectos, sino también para los profesionales interesados en el manejo del lenguaje con fines de información, persuasión o seducción, y, por supuesto, se ha vuelto indispensable para los profesores de este campo.

Este auge del discurso no debe ser confundido con una moda efímera, sin raíces. Es más bien un punto de eclosión de un proceso que por lo menos tiene 40 años de recorrido. No en vano Charaudeau y Maingueneau[6] recuerdan que estos estudios no nacen de un acto fundador, sino que fueron producto de una gradual convergencia de movimientos basados en presupuestos extremadamente diversos surgidos en Europa y Estados Unidos durante la década de los sesenta.

En este sentido, Van Dijk precisa, en un sucinto repaso histórico, que a partir de intentos aislados de unos pocos estudiosos en unas cuantas disciplinas, los estudios del discurso se han transformado en un amplio campo de investigación, aunque ya desde la década del sesenta se habían planteado de manera más o menos simultánea en varias disciplinas, argumentos de peso acerca de la importancia del análisis del discurso en el estudio de una diversidad de fenómenos.

En  la Antropología –recuerda Van Dijk– Dell Hymes postuló el estudio de los eventos comunicativos y de la competencia comunicativa,  iniciando de esta forma una orientación clave de la investigación que se conoce como la etnografía del habla, también conocida como la etnografía de la comunicación. Asimismo, en la lingüística Peter Hartmann postuló por primera vez la ampliación de la gramática hacia una gramática del texto, y en Estados Unidos los investigadores de la escuela de la tagmémica  enfatizaron en la importancia de la gramática del discurso. En Francia surgiría la sémiologie al publicarse el primer número de la revista Communications, dedicada a esta nueva disciplina. En ella, continúa Van Dijk, aparecieron contribuciones de la talla de Todorov y Barthes, que no solo abordaban el tema del análisis semiótico de las imágenes, sino, además, el estudio de textos, al cual se abocarían después lingüistas estructurales como Greimas. Francia ha sido permanentemente uno de los centros más importantes en el desarrollo del análisis del discurso. Nombres como el de Greimas, Courtes, Zilberberg, Charaudeau, Maingueneau, Fontanille, Landowski han dotado a los estudios sobre el discurso en Francia de una sólida imagen.

En el Reino Unido surgió un creciente interés en estudios sobre el estilo y el análisis textual, especialmente en el ámbito del nuevo paradigma de la lingüística sistémico-funcional fundado por Michael Halliday. En la década de los cincuenta, Irving Goffman había realizado importantes contribuciones al estudio de la interacción y las estrategias de la autopresentación, las cuales inspirarían posteriormente a muchos investigadores abocados al estudio del discurso y la conversación.

“Durante los sesenta y setenta la lingüística, bajo el impulso del estructuralismo y del generativismo, produjo la renovación de los estudios filológicos y gramaticales con sus hipótesis inéditas sobre el funcionamiento del lenguaje y con nuevos métodos para el análisis de los sistemas lingüísticos, múltiples aportes cuestionaron los marcos de la disciplina, entre otros los provenientes de la psicolinguística, la sociolinguística, la pragmática, la etnografía de la comunicación, la psicosociología del lenguaje”.[7]

Van Dijk concluye diciendo que, entre 1964 y 1974,  los avances en las humanidades y en las ciencias sociales influyeron profundamente en sus respectivas disciplinas fundacionales. De este modo, a inicios de los setenta se publicaron las primeras monografías y obras editadas que consolidaron el estudio del texto y del habla en la lingüística, la semiótica, la literatura, la etnografía, la psicología y la sociología.

No obstante la importancia que ha adquirido el discurso, no es fácil hablar de él o, para ser más precisos, no es fácil definir esta palabra. Como bien apunta Milton José Pinto[8], la cantidad y diversidad de enfoques hace difícil establecer una relación y una síntesis de las corrientes que hoy en día se interesan en hacer algún tipo de estudio y análisis del discurso.

El problema es que la palabra discurso en sí es de difícil definición, puesto que sus acepciones van desde aquellas que apelan al sentido común y entienden al discurso como un conjunto de frases pronunciadas por alguien en una ocasión especial (o no tan especial), hasta aquellas que la consideran como una categoría de análisis. Lo cierto es que no hay uniformidad de criterio al momento de definirla.

Bastaría echarle una mirada al Diccionario de la Real Academia Española para tener una idea de lo que refiero: doce acepciones que definen al discurso como: facultad racional con la que se infieren unas cosas de otras, sacándolas por consecuencia de sus principios o conociéndolas por indicios y señales; acto de la facultad discursiva; uso de razón, reflexión, raciocinio sobre algunos antecedentes o principios; serie de las palabras y frases empleadas para manifestar lo que se piensa o siente ( Perder, recobrar el hilo del discurso); razonamiento o exposición sobre algún tema que se lee o pronuncia en público; doctrina, ideología, tesis o punto de vista; escrito o tratado de no mucha extensión, en que se discurre sobre una materia para enseñar o persuadir; transcurso de tiempo; palabra o conjunto de palabras con sentido completo; cadena hablada o escrita; y carrera, curso, camino que se hace por varias partes.

Bastaría también echarle una mirada a las diversas concepciones de discurso que llegan desde autores, corrientes y disciplinas distintas.

La gramática formal del texto, la teoría de la argumentación, la teoría narrativa, la estilística, la retórica, la semiótica, la pragmática, a sociolinguística interaccional, la etnografía del habla, el análisis de la comunicación, la psicología del procesamiento textual, la psicología discursiva, la lingüística aplicada, son algunas de las áreas desde las cuales o en las cuales  se realizan estudios del discurso según la lista elaborada por Van Dijk[9].

Es claro entonces y lo reafirman Charaudeau y Maingueneau, que en materia e investigaciones sobre el discurso no es posible razonar como si se tratara de uniformar pesos y medidas.

“El problema no es solo terminológico sino que alcanza también los presupuestos de los diversos estudios”.[10]

En este sentido, Charaudeau precisa que, por ejemplo, en Europa continental, y sobre  todo en Francia, los trabajos en materia del discurso no crecen sobre el mismo suelo que en otras partes del mundo y que más bien se apoyan en un larga tradición de estudios de textos en los que la retórica, la hermenéutica literaria o religiosa y la filosofía han dejado huellas profundas, y también sobre una historia mucho más corta, la de las ciencias humanas y sociales, el psicoanálisis o la filosofía.

Estamos, sin duda, frente a un concepto cuya diversidad de definiciones no significa dispersión ni atomización epistémica, sino una confluencia de perspectivas cuya diversidad radica en la misma repercusión que tiene el discurso en diversos campos o, como señala De Bustos:

“el discurso afecta una diversidad de disciplinas, tales como la sociología, la psicología, la historia, la pragmática, la lingüística del texto, etc. Lo que implica asimismo la existencia de muy diferentes enfoques metodológicos: sociológico, etnolinguístico, cognitivo, pragmático, crítico, etc que no se excluyen mutuamente, sino que, en ocasiones, son complementarios”.[11]

Pero no hay que asustarse de la pluralidad de enfoques y perspectivas, pues la riqueza de los estudios del discurso, nos dirá con mucha sabiduría Ana María Harvey[12], se basa en su diversidad, y será precisamente esta variedad la que permita una visión más integral del discurso. Es más, el desarrollo de las investigaciones en el dominio del discurso saca el provecho máximo de la confrontación de perspectivas que dependen de universos teóricos diversos, Mainguenau dixit.

No tengo la pretensión de hacer de estas líneas una introducción al estudio del discurso o sobre el análisis del discurso. La intención es más discreta: dialogar con algunos de los autores que han hecho del discurso su objeto de estudio permanente desde diferentes perspectivas, colocar el énfasis en algunos de los aspectos que me llaman más la atención y luego detenernos en los discursos periodísticos. Estas líneas son, de algún modo, un collage conceptual que por momentos se asemeja mucho a un estado de la cuestión.

UN PROCESO DINÁMICO

Uno de los aspectos fundamentales del discurso es su carácter dinámico, pues hay que entenderlo como un proceso descartando cualquier carácter estático que pretendamos darle. En realidad no hay manera de eludir su carácter dinámico porque el discurso en tanto construcción y en tanto implica un carácter intersubjetivo, de práctica social, no puede no ser acción. Por ello hablamos de que el discurso es un acto, es más, podemos decir que es uno de los actos humanos por excelencia, porque es el discurso el que nos permitirá revelar el sentido del mundo y, a la vez, revelarnos al mundo y, sobre todo, en el mundo.

Creo que una mirada al mismo concepto de sentido nos puede ayudar a reforzar el carácter activo del discurso. El sentido es una dirección[13] tender hacia una cosa, quiere decir “tensión hacia”. Las acciones tienen metas, nos recordará Van Dijk[14], y esto es lo que hace que  sean significativas.

El discurso como acto es precisamente la propuesta de Landowski[15] para quien el sentido ya no es un simple producto directamente conforme con la realidad, sino que es un proceso, una constante negociación entre sujetos,  es una práctica intersubjetiva en la que nos vemos diariamente comprometidos.

“Si nos interesa el discurso es porque no solamente cumple una función de signo en una perspectiva comunicacional, sino porque tiene al mismo tiempo valor de acto: acto de generación de sentido”.[16]

El segundo aspecto que me interesa enfatizar es el carácter situacional del discurso. Si hablamos de que el discurso es acción no hay hecho humano que escape de sus coordenadas espacio temporales. En este sentido, el discurso es un acto y no podemos reducirlo a un aspecto únicamente textual. No podemos centrarlo solo en aspectos semánticos  o simplemente sintácticos sin una referencia a una práctica. En otras palabras, el discurso escapa a lo estrictamente lingüístico. Los actores y grupos sociales y sus prácticas concretas y completas son no los pretextos para la interpretación,  sino los productores y receptores del sentido.

En otras palabras, los discursos no son sólo palabras, son formas de práctica social. Eludir su carácter situacional puede hacer del discurso un mero conjunto de significantes cuando los discursos tienen forzosamente que localizar su producción y reproducción en las acciones de sujetos históricos que se sitúan dentro de marcos materiales y sociales con una entidad y una potencia que no pueden ser en ningún caso derivadas de su textualización[17]. Por otro lado, y aludo a Hartley,[18] si bien el sentido puede generarse solamente partiendo de la lengua o el sistema abstracto del lenguaje, y si bien podemos aprehender el mundo solo a través de los sistemas de lenguaje, no es menos cierto que los recursos del lenguaje en general están, y siempre estuvieron, sujetos a los desarrollos y conflictos históricos de las relaciones sociales en general. Es decir,  aunque la langue sea abstracta, el sentido nunca lo es.

“Los discursos son productos de formaciones sociales, históricas e institucionales, y los sentidos son productos de esos discursos institucionalizados. Se sigue de ello que los sentidos potencialmente infinitos que cualquier sistema de lenguaje es capaz de producir estás siempre limitados y fijados por la estructura de relaciones sociales que prevalece en un momento y en un lugar determinados, estructura que se representa mediante diversos discursos”.[19]

En este sentido, inspirados en Abril, podemos decir que el discurso no es simplemente un uso del lenguaje y de los demás sistemas semióticos, sino que se trata de una práctica que forma parte de las relaciones sociales propias de la sociedad moderna y que se inscribe en la dinámica institucional en esa sociedad.

Autores como González Requena dejan en claro que el discurso es el lugar donde los códigos se atraviesan con los contextos y donde, en condiciones siempre específicas y concretas, emergen los signos, no como hechos semióticos autónomos y preexistentes, sino como funciones signos generadas por la propia dinámica discursiva.

“El discurso aparece como un plano o un nivel específico, constituido por una serie de procedimientos irreductibles a la virtualidad de una lengua o un sistema de signos como el léxico: el discurso “se hace” concreto de una situación comunicativa o en la particularidad de una determinada producción simbólica”.[20]

Es por ello que Abril nos  habla del discurso como una práctica social, que no puede escapar de su dimensión histórica, vale decir, que está socio históricamente marcado. Hablar de los discursos como prácticas sociales implica decir –según Pinto– que el lenguaje con que se construye el discurso es parte integrante del contexto socio histórico y no un componente de carácter meramente instrumental.

De otro lado, podemos señalar que el discurso no solo forma parte de nuestras vidas –y forma nuestras vidas–, sino que de alguna manera es “la garantía de nuestra humana posibilidad de entender nuestro presente”[21].

Un tercer aspecto sobre el que me gustaría llamar la atención muy brevemente es el referido al sujeto. González Requena diría que estamos pues frente a una afirmación del sujeto.

“La exploración de los códigos, del aspecto sistemático de los lenguajes, cuanto más avanzaba tanto más patentizaba un cierto vacío, un silencio recurrente que paralizaba el desarrollo global de la investigación semiótica”.[22]

En otras palabras, no bastaba reflexionar sobre los códigos, sobre su formalización, sus posibilidades de funcionamiento. El discurso en cuanto objeto teórico de primer orden nos da cuenta de la posición del sujeto en el mundo.

DISCURSO PERIODÍSTICO

Como todo discurso, el periodístico también construye sentidos, instaura sujetos sociales, nos ayuda a comprender el mundo y a comprendernos a nosotros mismos. Eliseo Verón va más allá y considera que este tipo de discurso construye realidades.

Óscar Quezada coincide con Verón:

“El discurso es el simulacro de situaciones sociales y es, por lo tanto, el lugar privilegiado en donde el semiótico puede estudiarlas. Así, por ejemplo, la noticia es, siempre, un simulacro de los hechos. Estos últimos, como tales, son inaprehensibles, igual que todo lo real. Un sujeto –llámese reportero, cronista, camarógrafo, etc. – es quien, a través de uno o varios lenguajes, convierte ese hecho en discurso, en noticia, vale decir, en punto de vista, en focalización, ergo, en realidad.”[23]

Borrat, por su parte, subraya, además, la importancia que tienen los discursos periodísticos en tanto nos ayudan a conocer el mundo en que vivimos y a la vez reconocernos a nosotros mismos en ese mundo.

Por otro lado, la importancia que la información ha adquirido en las últimas décadas ha dotado a los discursos mediáticos, y entre ellos el periodístico, de un papel relevante al momento de tratar de entender la sociedad en tanto representación cultural.

“El mundo de la información produce un sistema propio de conocimientos, ciertamente no científicos pero no por ello menos capaces de proporcionar explicaciones sobre la realidad y, sobre todo, convicciones credenciales acerca de ella”.[24]

En este sentido –explica  Cervini–, las representaciones sociales no sólo son procesos cognitivos sino también construcciones simbólicas de la realidad social.

“Si agregamos a ello, la capacidad que poseen los medios de comunicación para configurar las experiencias de los sujetos-destinatarios, nos daremos cuenta de que existe un quiebre en la frontera de las percepciones que el individuo tiene a partir de sus contactos cotidianos e inmediatos, para dar paso a una nueva realidad mediatizada por un elemento técnico (radiotransmisor, diarios, televisor, computador y celular), donde las formas simbólicas que se acuñan en los mass media, crean lo que J.B Thompson (1998: 56) denomina “experiencia mediática”. Esto le permite al sujeto experimentar acontecimientos y conocer diversas culturas que en la esfera concerniente a su interacción social jamás podrá acceder, por lo tanto el individuo aprende de los discursos que los medios de comunicación construyen y, a su vez, configura su conocimiento social desde la lógica instaurada por los productos mediáticos”.[25]

Pero los discursos periodísticos también actúan como contexto de sentido para los nuevos acontecimientos y pueden otorgarles una mayor o menor relevancia. Montero precisa que el hecho de su repetición permite una generalización donde se engloba todo lo que se considera públicamente relevante y crean estructuras de significación que tipifican los actores sociales colectivos según su mayor o menor integración en la vida social, vale decir, persisten en el tiempo y pueden pasar a formar parte de las estructuras de significación comunes a la sociedad para la comprensión del presente, del pasado y también del posible futuro inmediato.

“Se puede pensar, en este sentido, en un tipo de influencia que cristaliza en la construcción de significados aceptados por grupos amplios de la sociedad, y relevantes para sus actitudes”.[26]

Pero las estructuras de significación que se desprenden de los discursos periodísticos solo se constituyen definitivamente en estructuras públicas de significaciones en la medida en que son aceptadas socialmente. Y son aceptadas socialmente porque este tipo de discurso está legitimado, también socialmente o, como bien refiere Stella Martini, la sociedad, por consenso, otorga a los discursos periodísticos un rol de soporte comunicacional que construye y difunde sentido.

“Socialmente legitimado e institucionalizado para construir la realidad social como realidad política y socialmente relevante”.[27]

En esta perspectiva, nos dice Montero, los discursos periodísticos colaboran en la organización de la adquisición y sedimentación de nuevos conocimientos y ayudan a estructurar la forma en que interpretamos el mundo social.

Por otro lado, no olvidemos que el discurso periodístico se construye a partir de otros discursos[28] esto es, es una institución social y un discurso cultural que existe y tiene significado en relación con otras instituciones y discursos que actúan a la vez. O, como apunta Pérez Tornero, el saber-hacer propio del discurso periodístico se realiza en relación con otros discursos, es de alguna manera una forma discursiva particular de los diferentes momentos históricos de la sociedad que se establece a partir de una memoria intertextual.

“Si bien puede concebirse la noticia como un punto de origen en relación a un suceso, nunca lo es totalmente. Todo texto noticioso es construido e interpretado a partir de un cuerpo de discursos y datos preexistentes (proyectos, ideas, representaciones de la realidad, que implícita o explícitamente recoge, continúa, cita, modifica, etc.). Las noticias no son nunca puntos de origen porque forman parte de un espacio discursivo y se relacionan, por consiguiente, con los códigos que son las formalizaciones potenciales de ese espacio. La gestación de una noticia es una toma de posición dentro de ese espacio discursivo”.[29]

Los discursos periodísticos se pueden comportar como mediadores de otros discursos sociales (cumplen un papel de agentes de socialización) y modeladores del conocimiento en la sociedad. Vicente Salvador denominaría a este último rol como “gestión social de los conocimientos”[30]. En otras palabras, no constituyen solamente estereotipos de los actores sociales y sus posibles acciones sino que definen una estructura de comprensión del universo, pero cuidado, no se trata de pretender que las imágenes que nos hacemos en la cabeza solo provengan de los discursos periodísticos. Eso ya nos lo advirtió McCombs. Obviamente nuestra intención no es plantear que los discursos periodísticos son cognitivamente determinantes o que su poder de influencia es único en un esquema donde los contenidos elaborados por un emisor se imponen sobre un receptor. Las teorías de la recepción y los estudios sobre el discurso han descartado ese modelo reduccionista hace bastante tiempo.

Además, tampoco se puede obviar que, como cualquier discurso, el periodístico construye sentidos y esos sentidos son fruto de una negociación entre destinadores y destinatarios. No estamos de manera alguna ante una mera transmisión de sentidos desde un emisor hacia un receptor. La misma naturaleza del sentido descarta ello, pues a través de los discursos periodísticos –junto con otros– no solo se construyen significados del mundo sino que, sobre todo, se configuran sentidos, y ello debido a que los significados se integran a la experiencia de los sujetos, se relacionan con su mundo.

Esta experiencia y los modos de relacionarla con los significados para convertirlos en sentidos es lo que se toma en cuenta al momento de construir el pacto o contrato de lectura que se establece entre destinadores y destinatarios, ya que los discursos periodísticos introducen representaciones de ambos en sus respectivos textos, pues cada uno elabora sus discursos a partir de la imagen que posee de sí mismo y del otro. Esto se traduce en instrucciones de uso o principios reguladores que crean un sistema de expectativas y un contrato tácito acerca de lo que es esperable acerca de las funciones que se sostendrán. El contrato se especifica a través de los temas que se eligen, el lenguaje que se utiliza, etc.

Sin embargo, pese a reconocer que no hay un carácter significativamente absolutista de los discursos periodísticos, al mismo tiempo, no podemos desconocer el papel que cumplen estos en la configuración de las representaciones sociales y culturales en una sociedad. Desde la perspectiva de la agenda setting[31] los discursos periodísticos pueden decir no solo sobre qué pensar (primer nivel de la agenda setting), sino enfatizar algunos atributos de las personas o situaciones de tal modo que la relevancia otorgada a estos atributos se inerrelaciona con la imágenes cognitivas que el público tiene de esas personas o situaciones (segundo nivel de la agenda setting)[32]. De alguna manera podemos hablar de los discursos periodísticos como creadores de pautas de lectura de la realidad social. Es que la lectura habitual de unos u otros periódicos, de unas u otra informaciones no solo proporcionan datos, también generan hábitos de lectura que se proyectan sobre los textos, sobre la realidad que se vive cotidianamente: pautas de lectura que generan hábitos de respuesta ante el entorno”.[33]

Los discursos periodísticos son, entonces, constructores públicos de una realidad social de naturaleza simbólica. A través de ellos se recategorizan sociocognitivamente los fenómenos del acontecer.

“La realidad social de los medios está en el reobjetivar, n el redefinir, en el reconstruir una determinada realidad que se presenta ya objetiva, definida y construida de modo individual, privado o colectivo”[34]

En otras palabras los discursos periodísticos realizan la transformación del continuum de los sucesos en un cosmos narrativo y la narración entendida como un modo de ordenar el mundo, de otorgar sentido a los sucesos que de otra manera podrían parecer retazos de realidades dispersos. [35]

Este cosmos narrativo es lo que Eco y Rodrigo denominan “mundos posibles”. Los periodistas confeccionan esos mundos posibles que ponen ante nuestros ojos u oídos en forma de tele o radio noticieros y periódicos.

Vemos pues que, periodísticamente hablando, los hechos no constituyen significados en sí mismos. Cervini lo aclara muy bien al explicar que es la inclusión o exclusión de un hecho en un texto, en la realidad construida que cada noticia propone lo que les asigna un sentido.

“La tarea de producción de noticias es un acto de construcción semiótica de realidad mediante el cual se transforma la factualidad objetiva en factualidad discursiva. La noticia no es lo que pasa, sino un artefacto semiótico que representa simbólicamente lo que pasa”.[36]


APÉNDICE

De lo dicho hasta ahora se desprende que la reflexión en torno del discurso no puede reducirse a una mera reflexión alrededor de las técnicas del lenguaje. Ni siquiera al mundo simbólico, de creencias, de significaciones y sentidos que suponen los discursos, de manera específica, los discursos periodísticos. Reflexionar sobre el discurso es reflexionar sobre el hombre, sobre su capacidad de estar en el mundo y de comprenderlo, y en esa comprensión realizarse históricamente. El centro del discurso no es la parole en acto, no es el sentido sino la persona, el ser humano. Incluso podemos decir que la persona es el discurso. “Discursivizo, luego existo”. Por ello decimos que el discurso es un hecho fundamentalmente antropológico, que hace el hombre para el hombre, que en términos de Lerner nos ayuda a comprender y al mismo tiempo revela al hombre mismo, su carácter personal e histórico y una de sus dimensiones fundamentales: la dimensión comunicativa, dialógica, pues se constituye en la expresión de la naturaleza intrínsicamente comunicativa del ser humano.

La materia de la comunicación “no es únicamente el hecho verbal. La dimensión íntima de la persona entra en relación y propicia una puesta en forma de la realidad generando aquello que solemos llamar mundo”. [37]

El hombre entonces no es solo un ser único, irrepetible, sino también es el homo discursivus. Reflexionar sobre el discurso es, pues, darnos cuenta de la capacidad del hombre de in-formar y trans-formar el mundo. Relatos muy antiguos, como los bíblicos, a su modo expresan esta capacidad del ser humano de darle sentido a lo que le rodea nombrándolo.

Génesis 2:19-20: “Y el Señor Dios formó del suelo todos los animales del campo y todas las aves del cielo y los llevó ante el hombre para ver cómo los llamaba, y para que cada ser viviente tuviese el nombre que el hombre le diera. El hombre puso nombres a todos los ganados, a las aves del cielo y a todos los animales del campo”.

No es un mero ejercicio denominativo. Parafraseando a Chillón podemos decir que conocemos el mundo a medida que lo designamos con palabras. Más allá de la percepción sensorial inmediata del entorno o del juego interior con las sensaciones registradas en la memoria, el mundo solo adquiere sentido en la medida en que  lo traducimos en un discurso.

En el principio era el discurso y parece que al final también será el discurso.

NOTAS


[1] CHILLÓN, ALBERT. “El giro lingüístico y su incidencia en el estudio de la comunicación periodística”. Revista Análisi No 22. Barcelona 1998. Pp63-98.

[2] WODAK RUTH Y MEYER MICHAEL, Métodos de análisis crítico del discurso. Barcelona. Gedisa editorial. 2003.

[3] ABRIL GONZALO. Teoría general de la información, Madrid, Editorial Cátedra, 1997.

[4] VAN DIJK, TEUN, prólogo de En Torno al Discurso. Contribuciones de América Latina. Santiago de Chile, Ediciones Universidad Católica de Chile, 2004.

[5] CHARAUDEAU; PATRICK y MAINGUENEAU, DOMINIQUE. Diccionario de Análisis del discurso. Buenos Aires. Amorrortu editores. 2005

[6] CHARAUDEAU; PATRICK Y MAINGUENEAU DOMINIQUE. Op.cit

[7] CHARAUDEAU, PATRICK Y MAINGUENEAU, DOMINIQUE. Op.cit

[8] PINTO, MILTON JOSE, Comunicação e discurso. Introdução a análise de discursos, Sao Paulo, Hacker editores, 1999.

[9] VAN DIJK, op.cit.

[10] CHARAUDEAU, PATRICK Y MAINGUENEAU, DOMINIQUE. Op.cit

[11] DE BUSTOS TOVAR, JOSÉ JESÚS, Lengua, discurso y texto. I simposio internacional de Análisis del discurso. Madrid, Visor Libros, 2001

[12] HARVEY, ANAMARIA, En Torno al Discurso. Contribuciones de América Latina. Santiago de Chile, Ediciones Universidad Católica de Chile, 2004.

[13] FONTANILLE JACQUES, Semiótica del discurso, Lima, Fondo de Cultura Económica-Perú y Universidad de Lima, 2001.

[14] VAN DIJK TEUN El discurso como interacción social. Barcelona, Editorial Gedisa, 2000.

[15] LANDOWSKI ERIC, Presencias del otro, Lima, Fondo Editorial de la Universidad de Lima, 2007

[16] Idem.

[17] CALLEJO JAVIER, EL Análisis del discurso: del postmodernismo a las razones prácticas. Revista Reis 88/99. pp.37-73

[18] HARTLEY JOHN, Conceptos Claves en comunicación y estudios culturales, KEY

[19] HARTLEY JOHN, op.cit. p.111

[20] CASETTU FRANCISCO, Introducción a la semiótica, en El Discurso Televisivo. Madrid. Cátedra, 1999.

[21] JITRIK NOÉ Hacia un escenario para el concepto de “discurso” en El dominio y la palabra.México, Universidad Autónoma de México, 1991.

[22] GONZÁLEZ REQUENA JESÚS, La televisión al final del milenio. Espectáculo de la postmodernidad. Madrid, Cátedra, 1999.

[23] QUEZADA ÓSCAR, Semiótica y comunicación social en el Perú. Diálogos de la Comunicación. Edición 22.

[24] ORTEGA FÉLIX Algo más que periodistas. Sociología de una profesión. Barcelona, editorial Ariel, 2000.

[25] CERVINI MARÍA CECILIA. Ponencia en la III Jornadas Nacionales de Investigadores en Comunicación: Comunicación, campo de investigación y prácticas..

[26] MONTERO SÁNCHEZ MARÁ DOLORES. El discurso periodístico político en la creación de estructuras públicas de significatividades. Revista Análisi 12, 1989.Barcelona

[27] RODRIGO ALSINA MIGUEL La construcción de la noticia. Barcelona, Paidós, 1996.

[28] MONTERO SÁNCHEZ MARÁ DOLORES. Op.cit

[29] CERVINI MARÍA CECILIA op.cit.

[30] SALVADOR VICENT Discurso periodístico y gestión social de los conocimientos: algunas observaciones sobre la didacticidad. Barcelona. Revista Análisi 28,2002

[31] MCCOMBS MAXWELL, Estableciendo la agenda. El impacto de los medios en la opinión pública y el conocimiento Barcelona, Paidós Comunicación, 2006.

[32] Idem.

[33] MORENO SARDÁ AMPARO. La mirada informativa. Barcelona. Bosch Comunicación. 1998

[34] RODRIGO ALSINA MIGUEL Los modelos de la comunicación. Barcelona. Tecnos, 1995

[35] FARRÉ MARCELA El noticiero como mundo posible. Estrategias ficcionals en la comunicación audiovisual. Buenos Aires. La Crujía. 2004

[36] CERVINI MARÍA CECILIA op.cit.

[37] LERNER SALOMÓN, LA persona esencia de la comunicación. Diàlogos Octubre 1999, No56

EL ESFUERZO DE APRENDER A LEER PRODUCIENDO SIGNIFCADO

Por Eduardo Zapata Saldaña

¿Qué rasgos definen, vinculan, y marginan el mundo escribal, el oral y el electronal? El autor de este ensayo recorre e identifica los rasgos y paradigms que marcaron la configuración de lo escribal en nuestro medio y su desvinculación o desconexión de la cultura oral. El mundo oficial se generó al margen de un sistema marcado por el contacto con el otro, la gestualidad, la metonima, la empatía y faticidad permanentes.  En esta línea, lo electronal se propone como un escenario que establece vínculos con la oralidad; el pensamiento sensorial múltiple evidencia un nuevo universo semántico. “La electronalidad nos devuelve a los discursos sin fin”.  Zapata  establece una propuesta vital: “La escribalidad no penetró en el Perú. Precisamente por la existencia de una cultura oral que hoy encuentra un aliado estratégico en la cultura de la electronalidad. La cultura de la oralidad y la metonimia han neutralizado la cultura de la escribalidad y la metáfora. La electronalidad debe servir, a partir de una oralidad argumentada y razonada, para no detenernos en el Siglo XIX”. Se presenta entonces la necesidad de replantear nuestros modos de producir sentidos y de interpretarlos, un nuevo modo de aprender a leer.

La previsibilidad de la escribalidad es más que evidente. Los sonidos en el occidente se hicieron inevitablemente visibles a través de las grafías (por lo menos eso supusimos, porque no es cierta tal exacta correspondencia). Y las semejanzas objetivadas por el modo de producción metafórico admitieron duplicaciones exactas, certificables por la visión. Así, las propias sociedades escribales se volvieron metáfora de sí mismas y resultan altamente previsibles. En sus enormes fortalezas y aun en sus claras debilidades.

Un mundo, aquel escribal, enormemente autocoherente. Que había deificado el ELLO objetivado y privilegiado el modo de producción metafórico. Allí donde veíamos nos veíamos siempre a nosotros mismos y hasta los llamamos prójimos, no por proximidad sino por semejanza. Y las certidumbres de la racionalidad se hicieron cada vez más ciertas. Por la vía de la racionalidad y de la objetividad –todo ello basado en un ELLO objetivado que alimentaba la semejanza­- las sociedades escribales se vieron en sí y en las otras como un universo. Y de allí una uni-versalidad. Un solo verso, aun para los otros.

Todo este mundo de semejantes, cabe señalarlo, difícilmente puede decirse que se inició antes del Siglo XII en Occidente. Como lo señala Stock (Stock, 1983) ese siglo es el siglo de la transformación de la cultura oral en escrita. Pero si nos atenemos a tecnósferas, sociósferas e infósferas hallamos la escribalidad íntimamente vinculada a los procesos de industrialización en Occidente. La palabra escrita organiza allí un modo de producción y un determinado tipo de relaciones y configura la representación de un universo semántico.

Evidentemente es un abuso, por decir lo menos, pretender que algún o algunos siglos subsuman la larga duración de la Humanidad. Más, cuando esta escribalidad se revela, ahora sí, siguiendo a Greimas, entre la vida y la muerte. Como lo hemos señalado, marginal y minoritaria respecto a los universos semánticos de la oralidad y de la electronalidad.

Como lo sostiene el profesor Albert d´Haenens: “La durèe sociogènetique n`est plus monopolisèe par la rèference a l´origine et su passè, tellu qu`elle est suposèe par l´analyse historique classique...”. Entonces, la historia, ciencia escribal, tiene poco que decir sobre las sociedades orales y electronales. Porque su objeto de estudio y su metalenguaje surgieron de la escribalidad.

Dumas, Dickens, Balzac en el Siglo XIX. El mismo Proust ya en el Siglo XX. Todos nos habían construido la felicidad espiritual que Newton, Freud  y Darwin habían cimentado con su impronta de la racionalidad escribal. Tanta fue la felicidad que perdimos el sentido de la duración.

Elucidar, en el sentido etimológico de iluminar, era y es indispensable en el recorrido de la Humanidad. Nuestra racionalidad escribal reemplazó la luz por la oscuridad mecánica de las leyes.

No podremos encontrar corredores de sentido entre los universos semánticos de la oralidad, la escribalidad y la electronalidad con un concepto de elucidación al que le hayamos arrancado, desde la escribalidad, su sentido etimológico de iluminación.

El sistema interior y anterior, la inmersión de un sistema lingüístico en el sistema cultural de la oralidad, la escribalidad o la electronalidad y el subsecuente privilegiamiento de la metáfora o la metonimia como mecanismos fundamentales de producción de significado no deben ser ignorados por el investigador. Ni en la conceptualización de la lengua objeto ni en su propio metalenguaje. A riesgo de perder la elucidación a la que hemos hecho referencia.

Como lo recordó Antonio Cornejo Polar –en un paralelo que nos honra y sobre el cual conversamos largamente en un Congreso, poco antes de su partida- la imagen de los sucesos de Cajamarca quedó grabada en el imaginario popular no como un encuentro de códigos, sino como la superioridad de uno sobre el otro. La lectura hecha desde la historiografía oficial de esta imagen, tan bien ilustrada por el cronista Guaman Poma de Ayala, pronto fue una lectura hecha desde una escribalidad “superior”. Allí estaban el Dios verdadero, la raza verdadera y, con el libro, la cultura verdadera. Allí estuvo la “ignorante” reacción de un hombre proveniente de una cultura inferior. Que no sólo creía en varios dioses, que no era blanco, sino que exigía que el libro presentado como instrumento superior de cultura- pronunciase las palabras que avalasen la Conquista.

Y eso era el Siglo XVI. Y aquel puñado de portadores de la escribalidad apenas si sabía leer y escribir. Pero eso no importaba. La larga duración de los hombres, para retornar al concepto sociogenètico de Albert d´Haenens, empezaba brutalmente allí. En el imaginario que la escuela grababa en nuestra mente. La cultura de la oralidad, esa que venía desde muy atrás y que había de pervivir durante la ­Conquista y la R­­­­­­­­­­­­­­epública, enmudeció para el mundo oficial. Se hizo, en el mejor de los casos, y lo­ hemos dicho, tradición oral.

2.

La imagen y semejanza propiciadas por el mundo escribal nos hizo medir nuestros intentos por ingresar al mundo de lo superior, por la matrícula escolar. Todos sabemos qué de poco significa la escuela en el Perú en cuanto propuesta de contenidos, pero ese indicador significaba y significa cuánto nos acercamos a la metáfora idealizada. El camino a la escribalidad.

Los Ministerios de Educación construyeron así -en clara manifestación de subordinación en orden a una metáfora culturalmente impertinente- acelerada y desacompasadamente, programas de alfabetización. Con resultados, en la relación costo/beneficio, muy pobres. Y se construyeron escuelas con primarias y secundarias donde una institución de los Siglos XVII y XVIII pervivía. Ya no eran los Austrias o los Borbones, eran los peruanos emancipados los que convirtieron la escuela en un tribunal de la Santa Inquisición de la escribalidad. Tal vez sin garrote ni hogueras. Pero con prisiones donde los redimidos eran superiores. Y los que por uno u otro motivo no alcanzaban la metáfora ideal resultaban marginados, expulsados por el sistema. Nuevamente inferiores.

No está demás decir que las propias universidades –ante el fracaso de la propuesta inquisidora de la escribalización- no tuvieron reparo en importar fórmulas de ingreso que podían medir todo, menos la capacidad de comprensión, lectura y sistematización. Es decir, la escribalidad. Siendo la institución universitaria, en Occidente, el epítome de la escribalidad, entre nosotros se convirtió en el simple punto de encuentro entre la oferta y la demanda. En el mercado.

Pero mientras eso ocurría en el mundo llamado oficial, el hecho social, económico y cultural en el Perú seguía marcado por individuos adscritos al sistema cultural de la oralidad. En el campo, pero también en la ciudad. Inferiores y discriminados, como desde Cajamarca, pero -a fin de cuentas y lo recordamos- construyendo una identidad deíctica de aquí y ahora, que encogía los hombros ante la discriminación. Por lo demás, esta cada día parecía provenir de fuentes más débiles porque los nuevos discriminadores no actuaban en nombre de Dios, ni siquiera simbólicamente; eran ya muchos “blanqueados” y tampoco sabían leer y escribir.

La discriminación desde el mundo oficial hacia la oralidad se hizo casi agónica. No se vaciló, entonces, en entrar a la modernidad y en transitar el sema dinero frente a no dinero, presencia de status o ausencia de este.

Frente a la tradición importada de la escribalidad, falsificada en Azángaro (Calle que se encuentra al costado del Palacio de Justicia en Lima y donde se falsifica todo tipo de documentos), iluminada por sofisticados reflectores, y actuada por pseudo-escribales, es decir frente al puro espectáculo, la cultura de la oralidad avanzaba y cercaba todos y cada uno de los espacios que se habían convertido en reducto de la inexistente escribalidad. Los actores andinos estaban allí, con su auténtica oralidad, pero muchos prefirieron seguir hablando de tradición oral, ignorando a los actores vivos y su cultura.

Pragmáticamente, y ya específicamente en la ciudad, muchos de esos actores sociales aprendieron a leer y escribir. Los Ministerios de Educación aplaudieron. Pero ya hemos señalado que lectura y escritura no son sinónimos de escribalidad. Y señalamos ahora que la funcionalidad del aprendizaje de la lecto-escritura poco tenía que ver con el universo semántico de la escribalidad. Incluso muchos símbolos de esta fueron penetrados por individuos orales y semialfabetizados. Algunos, ciertamente, traicionaron sus orígenes y fingieron una escribalidad que les había sido siempre esquiva. Otros, rescataron para su cultura el espacio conquistado.

El eclipse de la metáfora en el Perú, si todavía alguien cree que alguna vez  existió esta figura como predominante, era y es notorio. Como son notorios los esfuerzos desesperados de algunos por negarlo. ¿Cómo no seguir considerando como superior a un sistema cultural que, aun incapaz de producir un país viable, imitaba a imagen y semejanza un estadio superior marcado por Occidente?

De pronto, la superioridad asumida como sinónimo de competitividad,  pero como ya vimos sobre todo de status, entró en crisis. Porque Dickens, Dumas, Balzac, y mucho más Proust, dejaron de ser referentes de los hijos de quienes sonrieron ante la ignorancia supuestamente reflejada en los sucesos de Cajamarca. Y es que en el proceso los mismos padres habían reemplazado la lectura de libros por colores de estos en los estantes. Habían reemplazado también, y confundido gravemente, información con conocimiento. Los mismos diarios que podrían haber sido expresión de escribalidad adquirieron caracteres gráficos light y una redacción tremendamente cercana a las oraciones yuxtapuestas coordinadas. Velo de la escribalidad. Advenimiento de un nuevo universo semántico.

Los juegos electrónicos, primero utilizando la televisión, constituyeron los primeros indicadores. Paralelamente la propuesta de la escuela veía mermada sus horas en aras de estos juegos. Luego, las computadoras. La Web y los chats. Los juegos electrónicos interactivos. La multiplicidad de cabinas públicas. La Internet cada vez más al alcance de todos. Multiplicidad de celulares o de teléfonos móviles que, so pretexto de la comunicación permanente, desplazaban el tiempo/espacio especializado, designado por la escribalidad para la comunicación con la familia. Todo ello reemplazado por una comunicación fática del lenguaje. Puramente de contacto. Sin importar ya qué, cuándo, cómo.

La escuela no advirtió el fenómeno. Algunos colegios y universidades invirtieron ingentes sumas de dinero en la robotización de su infraestructura. Creyendo que el asunto era que estábamos frente a una moda o epidérmico lenguaje y que era posible traducir la escribalidad en signos de ese lenguaje. Sin darse cuenta de que ya ellos mismos habían perdido esas categorías escribales, y sin darse cuenta de que se estaba configurando un nuevo universo semántico. Aquel de la electronalidad.

La metáfora oficial no funcionaba para los orales “inferiores”. El problema ahora –para muchos- era tener que admitir que esa  “inferioridad” no significaba otra cosa que marginación y discriminación. Porque esa misma metáfora tampoco era entendida por niños y jóvenes que –en modo alguno- podían ser calificados desde el discurso oficial como inferiores. Más aún si estos niños y jóvenes utilizaban una tecnología de punta.

Ante lo evidente, pero siempre con la pretensión de negarlo, se inventaron academias pre-universitarias, cursos de nivelación, lecturas extensionales, separatas reemplazando a libros, propedéuticas. Amaestramientos cada vez más tempranos en los llamados razonamientos verbales y matemáticos. Hasta cursos para enseñar a leer, en las universidades.

Pero la metáfora siguió siendo esquiva a la cognición de las mayorías. Ya no sólo las inferiores, sino ahora las superiores.

Entonces, basta de ejemplos y de refrescar el sentido común de las experiencias cotidianas de lector. Así como antes habíamos señalado que el modo de producción de significado propio de la oralidad era la metonimia, aquella figura de sustitución por contigüidad, nuevamente este modo de producción de significado aparecía ahora en niños y jóvenes adscritos al sistema cultural de la electronalidad. Hay, pues, un corredor de sentido entre la cultura de la oralidad y la cultura de la electronalidad. Y esto es sumamente valioso para la interpretación de la continuidad cultural proactiva en el Perú.

Recordemos a modo de ilustración, un artículo aparecido en The Wall Street Journal. Diario de negocios y mercados. Que suele mirar –al menos en teoría- sensibilidades de futuro.

Y allí se describía cómo en algunas iglesias pentecostales de California en los Estados Unidos, los sacerdotes –graduados en universidades como Princeton, por ejemplo- realizaban los oficios religiosos vestidos con trajes africanos, con música tibetana y los fieles se movían de acuerdo a movimientos de actos religiosos orientales. Y no se trataba de una religión recién creada, ni de iglesias de recientes migrantes a los Estados Unidos. Eran iglesias de una religión tradicional, de fieles pertenecientes a clases medias o altas “cultas” de ese país.

Navegar en Internet, chatear, atender simultáneamente a varios paradigmas, predominancia de la sintagmaticidad, del aquí y el ahora. Nuevamente posibilidad de prójimos.

3.

Karl Bühler ya nos decía: “El hombre que ha aprendido a leer e interpretar el universo mediante los sonidos sabe muy bien que el instrumento intermedio constitutido por la lengua y sus leyes propias lo aparta de la profusión inmediata que el ojo es capaz de absorber, el oído de oír y la mano de asir” (Bühler, 1967, p.53).

A partir de esta aparentemente simple reflexión de Karl Bühler podemos preguntarnos ¿qué otros elementos concurren a la configuración de sentido entre el sistema cultural de la oralidad y aquel de la electronalidad?

Marshall McLuhan, y en menor medida autores como Claude Levi Strauss y Albert d´Haenens, hacen observaciones sobre cercanías y distancias entre oralidad, escribalidad y electronalidad. Reiteramos que ninguno de ellos habla de modos de producción de significado, cosa que sí consideramos importante como pertinencias de la oralidad y la electronalidad. Pero conviene recordar y aplicar nuestra propia lógica de observación.

La palabra hablada, ciertamente, implica gestualidad y movimiento; en cierta manera teatralidad espontánea. Para seguir una palabra hablada en su hacerse es indispensable emplear todos los sentidos. La vista, el oído, la empatía del olfato y el tacto. En palabras de Bühler, absorber con la visión, oír con el oído, asir con la mano.

Obviamente, la cultura de la oralidad no sabe de monólogos artificialmente dirigidos a otros. La oralidad supone co-presencia, lo que algunos llaman comunicación cara a cara. Y, entonces, participación no sólo con todos los sentidos, sino con “el otro”, de veras.

Y, claro, la comunicación con la palabra hablada exige pre-disposición de los hablantes. Empatía y faticidad permanentes. Soporte de la con-versación, del acto de compartir la versión. De modo que excluida la uni-versalidad unidireccional. Porque todo es atención a varios paradigmas simultáneamente.

Todo esto en un aquí y un ahora. En un contexto real. Punto de referencia permanente de alimentación y verificación de la verdad que se construye.

La escribalidad, lo reiteramos,  nos amputó -a la mayoría- la mano izquierda. Escribir era un acto diestro por excelencia. Los sentidos redujeron su cognición y la vista resultó el sentido privilegiado. Leer es un acto visual. Y táctil y hasta olfativo para un auténtico escribal con reminiscencias orales. Para la mayoría significó también una autoamputación sensorial.

Es interesante anotar, como lo señala Angel Rosenblat (Rosenblat, 1962) que las dos únicas formas que se han salvado del doble proceso analógico (del género a la forma y de la forma al género) son las palabras mano y día.  Siguiendo la acomodación de la forma al género, y ya vistas las cosas en diacronía, la terminación en o de la palabra mano debió haber convertido la palabra en un masculino. Como día, por su terminación, debió ser femenino.

Pero como nos interesa el tema de amputación de la mano convendría compartir una preocupación desde el inconsciente colectivo de nuestra cultura escribal. Porque ciertamente la imprenta fue un invento de hombres, e implicaba amputación de género común. Pero es muy significativo que el hombre haya amputado un femenino matriz –la mano– que había resistido al cambio de género gramatical. ¿Nos atrevimos –con la escribalidad- a amputar la mano porque precisamente era femenina?

Acto solitario por excelencia. Individualista. Yo leo y yo escribo. El nosotros queda reducido a un sentido figurativo, como lo dijimos, marca de autoridad.

La simultaneidad de paradigmas provenientes de la oralidad fue reemplazada por la linealidad. Y la clasificación  a partir de funciones fue reemplazada en muchos casos inconscientemente por pre-juicios clasificatorios. El mundo debía entrar dentro de la escribalidad y no al revés.

Por lo demás, la linealidad subrayaba inicios y términos. Marcaba etapas y períodos. De prólogo a epílogo. Una letra sucedía a otra, una palabra igual, una línea sucedía a otra y una página sucedía a otra. Donde el contexto –aun existente- era subsumido con anterioridad por un tema. Dividido en capítulos. Expuesto con una racionalidad inductiva o deductiva.

La electronalidad nos devuelve a los discursos sin fin. A los enjambements con los que caracterizaba Parry el discurso oral. Pues un símbolo y su pulsión conducen a otro y este a su vez a otro, y entonces –ya inmersos en la electronalidad- trabajamos con varios paradigmas a la vez.

Todos nuestros sentidos se activan con la electrónica. La contigüidad de elementos en la pantalla, tanto los presentes como los implícitos (porque no podemos hablar de ausentes) nos llevan a una búsqueda sin fin. De un tema a otro, por mera contigüidad y poniendo en juego la producción metonímica de significado.

Una suerte de co-presencia a distancia, distancia cada vez menor por la rapidez e integralidad de la tecnología, nos repone la sensación de tener un interlocutor presente. Ya no es el libro individualmente escrito sin destinatario. Uno o varios, creemos encontrar “al otro lado” alguien que nos escucha o nos habla.

De modo que palabra hablada, palabra escrita y palabra electrónica constituyen sistemas culturales, universos semánticos, y, consecuentemente, imaginarios individuales y colectivos. Así es que yerra una vez más la escuela pensando en que la electrónica simplemente es un soporte de traducción para perpetuar la propuesta escribal.

Pero yerran también los investigadores sociales que ven en la electrónica y el mercado un enemigo de la continuidad cultural de la mujer andina. La identificación de semiosis de actividades productivas así lo habrá de decir.

Mientras los supuestos supérstites, hoy solamente vestidos de escribalidad, únicamente alcanzan a leer abstracts y resúmenes ejecutivos, muchas veces vaciados de significado, oralidad y electronalidad reconcilian palabra y vida. Es imposible pensar que nuestras instituciones formales moldeen a un individuo escribal llenándolo de separatas y negándole implícitamente el acceso directo a los libros. O escuchando profesores recomendar bibliografía que jamás leyeron. Viviendo en un mundo de puras demostraciones que anulan incluso inducciones y deducciones. Recibiendo de esas instituciones sólo fragmentos de escribalidad incapaces de ser articulados con un todo en un sistema mental. Nada de esto desdice la importancia del sistema cultural de la escribalidad, obviamente cuando este es verdadero y no fatuo, cuando este es gnosis y no mercancía. Cuando hablamos entonces de producción de signos y no de simple consumo.

El correo electrónico, tan frecuente en nuestros jóvenes y para el cual la cultura oral constituye una pre-disposición, es la parole saussureana. Acto de habla soportado en un nuevo elemento. Así sabe de contextos, de los “incorrectos” oseas, sabe también de errores ortográficos, de idas y venidas, de contradicciones internas, de espontaneidad. El correo electrónico rechaza el formato del inicio y del final, de la causa y del efecto, de la linealidad, del paradigma rígido, de inducciones o deducciones basadas en la semejanza metafórica.  Sabe también, por tanto y en gran medida, del pròjimo.

4.

Recordemos que la imprenta fue el primer medio de reproducción industrial en serie, ya desde el Siglo XV. Y como lo señala Marshall McLuhan, este medio dio origen a la mecanización que engendró a su vez la primera revolución industrial. Pero recordemos también que la escribalización plena –más allá de sus cultores privilegiados- escondía un sistema oculto en la escuela: aprender a repetir, obedecer y ser puntuales.

Esas iban a ser las exigencias de la gran revolución industrial. Obreros obedientes, capaces de producir en serie y por largos períodos. Llegando puntuales a las fábricas.

Pero este sistema era oculto. Y, por lo demás, el sistema cultural de la escribalidad tenía –cómo negarlo- sus propios intereses y aspiraciones trascendentes por encima de la cotidianeidad. De allí que la propuesta oficial de la escuela tuviese una finalidad explícita: el cultivo del llamado pensamiento intelectual. Aun cuando este, y la propia escribalidad, fueron reducidos por largos períodos a citas de citas, a autores que se avalaban mutuamente, de hecho la columna vertebral para el cultivo del llamado pensamiento intelectual fue y sigue siendo el cultivo de las matemáticas y el lenguaje. El razonamiento escribal así lo exigía.

Resulta casi hasta perverso pensar que la asociación lenguaje/lógica de Port Royal en el Siglo XVII fuese desbaratada por el organicismo alemán del Siglo XIX. Y que sin embargo se perpetuase la vieja idea de Port Royal de que lenguaje y lógica eran elementos que se evocaban recíprocamente. Cuando ya la lingüística y los lingüistas sabían perfectamente que la pretensión de logicismo en la enseñanza del lenguaje no sólo era una falacia, sino una brutal manera de eliminar el sentimiento lingüístico de los hablantes, la propia gnosis de la palabra escrita y, en definitiva, la libertad del individuo. Gramática y morfología se siguieron exigiendo, por encima del sentimiento lingüístico de los hablantes, como elementos de cultivo de la logicidad. Y los pobres alumnos tenían que aprender a reconocer un objeto directo al cual el mismísimo profesor no encontraba sustento. A no ser que acudiese al sentimiento lingüístico que a él también le habían anulado.

En este esfuerzo por el cultivo del pensamiento intelectual, lo hemos dicho, hasta el ajedrez se volvió juego-ciencia. Como si para jugar ajedrez las palabras y los números fuesen importantes. Y sabemos que no lo son. Pero como se trataba de un juego casi reservado a élites intelectuales, había que utilizar el adjetivo coherente con el universo semántico de la escribalidad. Ciencia y razonamiento.

A no ser que mediase una determinada situación cultural, los hijos no podían optar por el arte. Pero el arte estaba allí, y había estado desde siempre. Y era prestigiado. Y entonces había que tener cuadros en la casa, esculturas, bibliotecas adornadas con libros de colores. Y hasta invitar a cenar a algún pintor o escritor. Pero muchos se negaron a que sus hijos optasen por ese arte.

Sin embargo, resultaba obvio que esos artistas, ornamentales desde un primitivo punto de vista escribal, no sólo hablaban, y para sorpresa de muchos bien, sino que hasta anticipaban con su arte fenómenos que tardíamente iban a ser racionalizados a través de palabras y números. Breton, Miró y otros surrealistas “escribieron” en su arte el fin de la metáfora y el advenimiento de la metonimia. Mucho tiempo después, y aún tímidamente, hoy hablamos del fin de las ideologías.

Años, muchos años atrás, en el Instituto Tecnológico de Massachusets (MIT), Rudolph Arnheim –con trabajo de observación, experimentación y empiria social- había hablado ya de la existencia de otro tipo de pensamiento distinto de aquel llamado pensamiento intelectual. En un ya clásico y casi obligatorio referente académico denominado El Pensamiento Visual.

Partiendo de que pensar es toda operación abstracta conducente a la solución de una situación-problema y ante la comprobación de que no todos los problemas se resuelven por vías lingüísticas y matemáticas, Arnheim y sus seguidores introdujeron el concepto de pensamiento visual. Sensorial, diríamos nosotros. Un artista no soluciona los problemas derivados del enfrentamiento con el lienzo vacío y su inspiración, con pensamiento intelectual, por ejemplo. Un joven tampoco debe resolver un problema de geometría acudiendo a la repetición mecánica de formas. Un músico no soluciona los problemas que ocasiona la composición de una sinfonía si no es ejercitando un pensamiento muy distinto a aquel llamado intelectual.

Ciertamente, la sola idea de otro tipo de pensamiento, ajeno al de la racionalidad intelectual propia de la escribalidad, ocasionó que la escribalidad oficial ignorase estos descubrimientos del Instituto Tecnológico de Massachusets. Y la escuela, fiel instrumento de la escribalidad hasta nuestros días, creó bonitas frases como educación por el arte. Ocultando la profundidad de la propuesta de Arnheim y del mismísimo Gyorgy Kepes. Nuevamente la palabra arte, finalmente y como antaño, en oposición al pensamiento.

Eisntein, en una carta a su amigo Jacques Hadamard, lo había reconocido. Decía él que los aspectos más creadores de su teoría intelectual, los encontraba más en impresiones visuales e incluso táctiles, que sólo luego verbalizaba o numeralizaba. El brillante físico Hawkins, aun cuando no lo haya expresado explícitamente, es una muestra más de un pensamiento distinto a aquel que cultivamos en la escuela unilateralmente. Pero los atavismos pueden más, a veces, que sus principales cultores. Y estas expresiones sígnicas son ignoradas por la escuela. Que persiste en sus números y palabras.

Aproximémonos de nuevo a la electronalidad y su multisensorialidad. A la vista, al oído y a esa extensión del tacto llamada mouse. Pensemos en niños y jóvenes frente a la computadora. Cierto que leen instrucciones, pero la esencia de su pensamiento es visual –o sensorial mejor- y el mecanismo de producción de significado que otorga sentido a  su relación con la máquina es la metonimia.

La contigüidad de la operación con varios paradigmas simultáneos. Los encandila, finalmente, la posibilidad de producir, no sólo consumir, y aun de producir un prójimo. Ese es el mundo de hoy y de mañana. Y esos mismos recursos humanos son los que nos atrevimos, con una soberbia incalificable, a denominar como inferiores a propósito de la cultura de la oralidad.

¿Sabe por qué los niños y los jóvenes de hoy no se concentran con la misma facilidad de ayer en un tema determinado? La respuesta está en que la producción de significado de niños orales y electrónicos transita por la “marginalidad metonímica”. Una metonimia desatendida por la escuela. Una escuela no atenta a que las propias identidades de niños y jóvenes no son temas, sino construcciones permanentes. Significa que esas construcciones son un discurso sin fin, alimentado de temas infinitos.

Recordemos que, hasta hace no mucho, maestros y psicólogos “adiestraban” a los niños que escribían con la mano izquierda en el uso de la mano derecha. Escribir con la mano izquierda era una anomalía, una marginalidad, casi una patología. Hoy está ocurriendo casi lo mismo con el asunto de la “desconcentración” de los niños y de los jóvenes. Con métodos finalmente conductistas e inquisitoriales, represivos, los queremos volver a nuestra imagen y semejanza. Particularmente diestros. Hoy es sabido que eso no corresponde a patología alguna. Y la desconcentración está más ligada al carácter monocordemente metafórico de la propuesta escribal realizada ante estudiantes metonímicos que a falencias descalificadoras a priori, susceptibles de ser calificadas de patologías.

Es interesante anotar cómo estos niños y jóvenes oficialmente desconcentrados y aun inmotivados, se concentran y motivan –hasta por tres horas y aun en búsqueda de la metáfora- si el discurso del maestro se esfuerza en reconocer y admitir la metonimia. En ejercerla, aun cuando esto sea trabajoso. Obvio que nada se logra usando el término constructivismo que, bajo el pretexto de atender intereses diversos y construir juntos el mal entendido conocimiento, se rige por cosificados objetivos pedagógicos y didácticos. ¿Dónde está la libertad del estudiante?, ¿dónde queda su sentimiento lingüístico?, ¿dónde sus intereses? Y ¿dónde el conocimiento?

En el Perú de hoy, la cultura de la oralidad y la cultura de la electronalidad –aun en el campo, y lógico en las ciudades- signan a la mayoría de los peruanos. Lo que implica pensamiento visual y metonimia. Lo que implica oportunidad de continuidad cultural y reencuentro de imaginarios.

La escribalidad no penetró en el Perú. Precisamente por la existencia de una cultura oral que hoy encuentra un aliado estratégico en la cultura de la electronalidad. La cultura de la oralidad y la metonimia han neutralizado la cultura de la escribalidad y la metáfora. La electronalidad debe servir, a partir de una oralidad argumentada y razonada, para no detenernos en el Siglo XIX.

Tal vez ha llegado el momento, como lo reconoce el propio Luis Jaime Cisneros, de que “… haya llegado la hora de plantear las cosas de otro modo y convenga reemplazar las consabidas preguntas por una desusada manera de preguntar… ¿y si no fuesen correctas nuestras apreciaciones?… ¿quién nos afirma que la única manera de acceder al conocimiento era realmente la lengua escrita? …quizás haya llegado la hora de reconocer errores en nuestra apreciación del fenómeno y debamos culparnos de ceguera filosófica”.

Tal vez haya llegado el momento de que hagamos el esfuerzo de aprender nuevamente a leer.

BIBLIOGRAFÍA

BUHLER, Kart

1967           La onomatopeya y la función representativa del lenguaje. En Psicología del Lenguaje. Paidós, Buenos Aires.

D´HAENENS, Albert

2000           La Sociogenetique. Institute  de Sociogenetique, Louvaine la Neuve.

MCLUHAN, Marshall

1969    La comprensión de los medios como las extemsiones deñ hombre. Editorial Diana, México.

ROSENBLAT, Angel

1962    Morfología del género en español. Nueva revista de Filología Hispánica, XVI.

STOCK, Brian

1983    The implications of literacy: written language and modes of interpretation in eleven and twelth centuries. Princenton, UP.

10 HIPÓTESIS PARA REINVENTARSE EN EL PARAJE DE INTERNET

Por Guillermo Culell

Según expertos norteamericanos en tecnología y en medios, las empresas de información son las que más sufren, más padecen, el crecimiento de Internet (1). Los periodistas, como parte de esas organizaciones, asumen el mismo destino. Sin embargo, hay otro destino posible: reinventarse.

Lo que sigue es un ejercicio de hipótesis que describen algunas de  esas mutaciones posibles. En este nuevo escenario imaginado se ha dejado de lado cualquier análisis relativo al rol social del periodista en la sociedad democrática, pues, por su trascendencia y complejidad, excede el marco de esta aventura.  Este ensayo es, también, un juego divertido.

LAS HIPÓTESIS

  1. La jerarquía es construida por un algoritmo.
  2. No existe una jerarquía sino múltiples.
  3. El periodista es un DJ.
  4. El periodista es un atleta de élite.
  5. El periodista es 50% ingeniero y 50% artista.
  6. La redacción no tiene lugar.
  7. La corporación es la marca. La organización es amorfa.
  8. La organización comercial es una cuenta bancaria.
  9. La red es el único territorio donde suceden los hechos..
  10. Volumen + Velocidad = Calidad

1. LA JERARQUÍA ES CONSTRUIDA POR UN ALGORITMO

“…En matemáticas, ciencias de la computación, y disciplinas relacionadas, un algoritmo (del latín, dixit algorithmus y éste a su vez del matemático persa Muhammad ibn Musa al-Jwarizmi) es una lista bien definida, ordenada y finita de operaciones que permite hallar la solución a un problema. Dado un estado inicial y una entrada, a través de pasos sucesivos y bien definidos se llega a un estado final obteniendo una solución…”

“…Para que un algoritmo pueda ser considerado como tal, debe ser determinista, eficiente, tener un número finito de instrucciones y debe acabar. Por determinista se entiende que si se sigue el mismo proceso más de una vez se llega siempre al mismo resultado; eficiente que el consumo de tiempo y memoria debe estar cercano o ser el menor posible….”

“…El concepto de algoritmo, aunque similar y obviamente relacionado, no debe confundirse con el concepto de programa. Mientras el primero es la especificación de un conjunto de pasos (operaciones, instrucciones, órdenes,…) orientados a la resolución de un problema, el segundo es ese conjunto de operaciones especificadas en un determinado lenguaje de programación y para un computador concreto, susceptible de ser ejecutado (o compilado o interpretado). Un algoritmo, estrictamente hablando, no puede ejecutarse hasta que no se implementa, ya sea en un lenguaje de programación, en un circuito eléctrico, en un aparato mecánico, usando papel y lápiz o en algún otro modelo de computación…”

“…En la vida cotidiana se emplean algoritmos en multitud de ocasiones para resolver diversos problemas. Algunos ejemplos se encuentran en los instructivos (manuales de usuario), los cuales muestran algoritmos para usar el aparato en cuestión o inclusive en las instrucciones que recibe un trabajador por parte de su patrón…”

Wikipedia (es.wikipedia.org)

De esta definición se desprende que las operaciones de jerarquización del periodismo tradicional son un algoritmo. La hipótesis formulada refuerza ese concepto; el periodismo continúa con su tradición de construir jerarquías, pero se avanza un paso más allá: se diseñan programas de computación capaces de resolver esos algoritmos en forma automática y veloz.

Entonces, ¿por qué no podemos pensar en sistematizar el proceso de jerarquización y automatizarlo? Los diseños, tanto del algoritmo como el de su instrumentación en un software, están, en este enfoque, enmarcados en la actividad periodística. ¿Cuáles son las diferencias con respecto a las maneras actuales que utiliza el periodismo para jerarquizar? Probablemente, una de las diferencias es la multiplicidad de entradas, un número considerablemente mayor comparándolo con la cantidad de entradas que se procesan hoy día en las redacciones. Y, por supuesto, otra gran diferencia es la cantidad de salidas, ya que la redacción de un diario impreso produce un único resultado por día de su algoritmo: el periódico en papel. Un software, en cambio, puede producir tantos resultados como determine la velocidad –y la capacidad- del procesador que lo ejecuta. Para él el día (ciclo de 24 horas) no existe.

La aparición de estos recursos matemáticos e informáticos amplía la capacidad de poder entregarle a la audiencia una lista ordenada y jerarquizada de “lo que importa ahora”.

Alguien tomará un lápiz y un papel y construirá “una lista bien definida, ordenada y finita de operaciones que permita hallar la solución a un problema”. Y luego le pedirá a alguien que diseñe un software que automatice el proceso. El que construye esa lista es un periodista. De hecho esas listas ya existen y no se hacen solas. Existe un criterio que se ha aplicado en las operaciones pensadas para encontrar la solución a un problema. Es el periodista quien se encarga de ello.

2. NO EXISTE UNA JERARQUÍA SINO MÚLTIPLES

La práctica de jeraquización de los medios tradicionales está influida, y hasta determinada, por la escasez. La escasez del espacio y la escasez del tiempo.

En el caso de los medios gráficos, la superficie editorial es finita (en el caso de la radio o la TV lo escaso, lo finito, es el tiempo) y, en consecuencia, es necesario decidir qué porción de esa superficie se asigna a cada contenido. Un diario es, entonces, la suma de parcelas editoriales de diverso tamaño. La finitud del espacio es un factor determinante para elegir lo que entra y lo que sale. Esta restricción exige criterios de selección de cada parte que, entre ellas, produzcan un todo coherente.

Y esos criterios no pueden ser más que unos pocos. La amplitud atenta contra el proceso y la coherencia del resultado. La gran mayoría de las veces esos criterios y valores están en el “aire”, forman parte de la cultura de la organización y no son enunciados de forma explícita. En ese marco cultural, ampliar los criterios alimentaría el caos y sería casi imposible pensar en un todo coherente. Pero, ¿por qué no pensar en la posibilidad de múltiples criterios que produzcan igual cantidad de todos coherentes?

Sólo es cuestión de, lápiz y papel en mano, formular algoritmos que resuelvan necesidades informativas diversas y luego de entregarle la lista a un programador para que construya el software. A partir de ahí, varias jerarquías serán generadas de forma automática y permanente. Podríamos construir una jerarquía para gordos, otra  para flacos, para médicos, abogados, mecánicos, magos, músicos, niños, actores, políticos, astrónomos…Y una que, sobre todas ellas, ponderando el conjunto (finito y dinámico) que represente el promedio. ¿Es ésta una tarea periodística? Sí.

3. EL PERIODISTA ES UN DJ

“DJ: Acrónimo inglés de disc jockey, también deejay o diyéi, es la persona encargada de escoger, mezclar o manipular música pre-grabada para el disfrute de otros…”

“…El arte de pinchar discos, es una actividad semi-creativa (totalmente creativa en el caso del turntablism, y con un alto componente creativo en el caso del breakbeat y el remix), ya que el DJ ejecuta su trabajo en función de dos o más pistas preestablecidas, es decir, sobre canciones ya elaboradas por artistas que producen sus propios discos…”

Wikipedia (es.wikipedia.org)

Contenido nuevo sobre la base de material pre-registrado. Eso es periodismo.

Cuando se piensa en materia prima informativa, la referencia obligada son las agencias de noticias o las fuentes propias. Sobre todo si se ignora a la red como fuente. Si se la incluye, el resultado es otro. Es: bases de datos, blogs, imágenes de aficionados, votos de la audiencia, mapas interactivos, grabaciones de audio, etc.

Si a todas esas fuentes (cada vez más numerosas) se le agrega el trabajo propio de verificación, contraste y un estilo personal que le añada un componente de sorpresa y atractivo, el resultado es original y único. Y puede ser, incluso, hasta genial. (“Usted es libre, elija; es decir, invente”- Jean Paul Sartre, en El existencialismo es un humanismo -1946)

Producir material semi-creativo, totalmente creativo o con un alto componente creativo, no es nuevo para el periodismo. Lo nuevo es que se amplió el universo de fuentes y que la posibilidad de mezclar dejó de ser una opción para pasar a ser una obligación.

4. EL PERIODISMO ES UN ATLETA DE ÉLITE

¿Cuál es el tiempo promedio que se demora un atleta corriendo diez kilómetros?

Mejor respuesta – Elegida por la comunidad (91%)

Atleta profesional: 28 min.
Persona promedio: 40min.

Fuente: Yahoo! Answers (es.answers.yahoo.com)

Se afirma: ahora cualquiera puede publicar. Se responde: sí.

Se pregunta: ¿en qué se diferencia un periodista profesional de una persona promedio?

Se responde: en lo mismo en que se diferencia un atleta profesional de una persona promedio.

Se amplía la respuesta: el periodista profesional se entrena para informar. Desarrolla capacidades y destrezas que le permiten seleccionar, combinar y presentar contenido informativo de forma rápida y precisa. Cuenta bien las historias. Está siempre a la búsqueda de la excelencia en su profesión.

Se recuerda: una persona promedio también puede correr los 10 kilómetros. (Es decir, una persona promedio también puede publicar).

5. EL PERIODISTA ES 50% INGENIERO Y 50% ARTISTA

Ingeniero: “Otro concepto que define a la ingeniería es el arte de aplicar los conocimientos científicos a la invención, perfeccionamiento o utilización de la técnica en todas sus determinaciones. Esta aplicación se caracteriza por utilizar principalmente el ingenio de una manera más pragmática y ágil que el método científico, puesto que una actividad de ingeniería, por lo general, está limitada a un tiempo y recursos dados por proyectos. El ingenio implica tener una combinación de sabiduría e inspiración para modelizar cualquier sistema en la práctica”.

Artista: “Escultores y arquitectos griegos, artesanos medievales, grabadores del Renacimiento, pintores del Barroco, poetas románticos, vanguardistas del siglo XX o programadores de net.art; en el artista casi siempre se supone una disposición especialmente sensible ante la realidad, un gran desarrollo de la creatividad y la capacidad de comunicar lo sentido mediante el buen uso de la técnica (la palabra arte deriva del griego téchne)”.

Wikipedia (es.wikipedia.org)

Ingenio + Pragmatismo + Agilidad + Sabiduría + Inspiración + Sensibilidad + Creatividad + Capacidad de comunicar. Todas cualidades y características que no sólo tienen sentido para un periodista sino que, más que eso, lo constituyen. Pobre periodista aquél que no sepa, que carezca de sensibilidad.

6. EL ESPACIO DE REDACCIÓN SE FRAGMENTA Y EXPANDE

Redacción (Del lat. redactĭo, -ōnis).

2. f. Lugar u oficina donde se redacta.

3. f. Conjunto de redactores de una publicación periódica.

Fuente: RAE (rae.es)

¿Qué espacio puede contener a un grupo de periodistas que varía día a día?

Se trata de periodistas que trabajan desde sitios diferentes y en horarios distintos. Periodistas que pueden ser pocos o muchos (porque la cantidad puede variar constante y hasta abruptamente). Todos ellos, sin embargo, acceden a un mismo programa que utilizan para publicar las noticias. Y dialogan entre sí. Reciben órdenes. Coordinan coberturas. Comparten datos.

Esta redacción, cuya composición es la de periodistas en red, se parece más a una torre de control de un aeropuerto que a un newsroom. ¿Necesitan compartir un espacio físico para trabajar en equipo? No, se trata de periodistas.

7. LA CORPORACIÓN ES LA MARCA

¿Qué es lo que convierte a un grupo de periodistas en una organización periodística?

Sin duda, uno de los elementos intrínsecos de la organización periodística es el producto que ésta realiza.  Hay organización periodística en la medida que hay un producto para realizar. Y ese producto tiene una marca.

La marca es el primer y principal constructor de su identidad. Toda la organización existe en la red y la marca la constituye. Es la única propiedad necesaria. Todo lo demás es dinámico, amorfo y transitorio. Las personas, los ordenadores, los servidores, etc. Nada es definitivo ni instaura necesariamente una tradición. Su vida dura mientras haya algo o alguien que alimente el flujo informativo.

8. LA ORGANIZACIÓN COMERCIAL ES UNA CUENTA BANCARIA

Una ya existe (2), otras vendrán. Son centrales multimedios globales. Es ahí, en esa plataforma, en donde se planifican, se suben, se administran y se pagan las campañas (campañas que corren en cualquier medio, digital o analógico).

Y el medio (desde un blog hasta un programa de TV) recibe su paga. Esa es toda su intervención. Su tráfico es la fuente de sus potenciales ingresos. Los precios de sus espacios publicitarios son el resultado de la tensión entre la oferta y la demanda del mercado. La magnitud de su ganancia surge de lo efectivo que resulte (el medio) para sus anunciantes.

Conclusión: la organización comercial se reduce a un número de cuenta bancaria.

9. LA RED ES EL ÚNICO TERRITORIO DONDE SUCEDEN LOS HECHOS

Del Rigor en la Ciencia

“En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, esos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y de los Inviernos. En los desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas”.

Jorge Luis Borges, El Hacedor, 1960.

Desapreció la línea que dividía lo real de lo virtual (donde lo virtual era lo que ocurría en Internet). La misma lectura le podría caber al teléfono. ¿Hay alguien que afirme que hablar por teléfono no es real? Y entonces, ¿por qué lo sería hablar por skype? ¿Dialogar por mensajero no es acaso también un hecho real?

Internet no es “otra realidad” en donde ocurren los hechos. Internet existe, en todo caso, dentro de la realidad –dentro de la realidad que ya existía y que ahora vino a ampliarse-. Y ahora, igual que antes e igual que siempre, los hechos -y las acciones intersubjetivas- ocurren en la realidad. No tienen otro modo posible de ocurrir.

Escribir crónicas de la vida (en la red) es escribir crónicas de la vida. Y dado que el territorio donde esta sucede es más amplio, hay necesariamente más historias para contar.

10. VOLUMEN + VELOCIDAD = CALIDAD

Se dice: la red está llena de basura.

Se responderá: los contenidos crecen, cada vez hay más; la capacidad de almacenamiento aumenta pero también aumentan la capacidad y la velocidad de procesamiento. Aumenta la inteligencia disponible. ¿Qué puede hacer pensar que mayor diversidad y mayor inteligencia no produzca, también, mayor calidad? Mayor cantidad, pero también mayor capacidad de selección, hace pensar, más bien, mayor calidad.

Fuente: www.kk.org/thetechnium/ – Las cifras de la tabla corresponden a 2007.

Las hipótesis planteadas, si bien son eventuales, no son arbitrarias. Se desprenden, o al menos se pueden pensar, a partir de la práctica actual (noticiosa y periodística) de los actores. Está claro que ya no es posible pensar en las figuras periodísticas del modo tradicional y que éstas (como la realidad) se reconstituyeron. La redacción son periodistas en red; el director de la organización periodística es un “director de tránsito” (o un “controlador del flujo”, sus decisiones operan sobre ese flujo) y  la organización periodística es, en rigor, la marca.

Al periodista le cabe, por otra parte, su propia refundación. En ella, la ingeniería y la artística ocupan un rol central. Acaso refundarse, bajo esta perspectiva (ingeniería + arte), no sea más que cumplir con las tareas para las que –desde siempre- ha sido llamado. Y aunque aquí ya corresponderían consideraciones que, como se ha dicho, exceden los límites de este campo de juego, sí, al menos, puede uno aventurar: no es un mal punto de partida.

(1)   Pew Internet & American Life Project, Experts survey, Sep.20-Nov.1, 2004

(2)   www.elpais.com/…/firma/anuncios/online/DoubleClick/; http://www.elpais.com/articulo/internet/Google/Nielsen/unen/ofrecer/servicios/publicidad/television/elpeputec/20071026elpepunet_5/Tes ; http://www.baquia.com/noticias.php?id=12652

ATORMÉNTATE DE IDEAS

Por Juan Infante

La ética  y la independencia económica se vinculan en el mundo del profesional de las comunicaciones. Pero, según se plantea en este texto,  para ser ético se requiere de una fibra ética. Es a partir de ella que se construye la solidez económica.

El autor propone y examina las alternativas y escenarios laborales que se abren en el terreno de la comunicación.  El papel de los comunicadores en nuestro contexto responde a los retos y necesidades que nos marcan.  Los nuevos medios también signan este espacio y generan nuevas oportunidades.  Sin embargo, “son nuestros prejuicios los que nos impiden actuar con base en la realidad. Son nuestros prejuicios los que nos impiden aprovechar lo que vemos para transformarlo en oportunidades”.

Lolo ha sido mi canillita y amigo matutino durante el tiempo que viví en Diego Ferré. Hace unas semanas, lo busqué para hacerle una entrevista. “¡Juancito!  Estoy complicado de tiempo y tengo que salir a una reunión” –me dijo amablemente. Eran las tres de la tarde y me sugirió vernos a las cinco. “¡Lolito! – respondí yo–, te llevo, vamos conversando en el camino y, mientras esperas, te voy entrevistando”. “Ya, ya, bacán” – me respondió – y así fue.

Lolo me llevó a la casa que se acababa de comprar: un primer piso en la avenida Angamos, a dos cuadras de la avenida Arequipa hacia el lado de Comandante Espinar. La casa le cuesta 70 mil dólares. Ha pagado 50 mil al contado y pedido un crédito por los 20 mil restantes, que pagará en 10 años a razón de 300 dólares mensuales.

Le propongo tomar un café y nos vamos al 4D de Angamos que está a media cuadra de su nueva casa. Le pregunto más sobre su capacidad adquisitiva, sus ingresos, sus ahorros. Me cuenta que tiene 20 mil dólares extras en un fondo de inversión. Me sorprende el manejo de sus finanzas, lo felicito. Lolo acaba de cumplir 40 años, tiene dos hijos. En un primer momento se siente un poco incómodo en el 4D, “cuánto crudo” – señala al entrar – luego se relaja.

Unas semanas después, menciono el caso de Lolo en el curso de Gestión y Evaluación de Proyectos Periodísticos de pre-grado, en la UPC. El tema de la clase es: “grandes inversiones a lo largo de mi vida”. Proyecto una tabla de Excel donde están consignadas las inversiones que, supongo, los alumnos van a hacer en los próximos 30 años de su vida: la carrera universitaria, las maestrías, la vivienda, los autos, los gastos en los hijos: nido, colegio, universidad, el mobiliario de la casa, etc.

Me dicen los alumnos que es la primera vez que se proyectan de esa manera. La primera vez que piensan su futuro económico en el largo plazo. Les cambia el rostro. Se ponen ansiosos. El tema les incomoda un poco.

Los montos resultantes de sus proyecciones los confrontan y se asustan un poco: “¡Asú!” –exclaman varios– y sueltan comentarios acerca del necesario control de la natalidad, lo caro que resulta ser padres, la realidad del costo de la vida.

Hago que dividan esos montos entre 30 años (tiempo en el que estimo tendrán que hacer estas compras) y, luego, ese resultado anual entre 12. Los resultados mensuales varían: el más austero considera que serán setecientos y el más ambicioso cinco mil los dólares que necesitarán destinar cada mes para el pago de esos bienes y servicios. Las necesidades económicas estimadas de la mayoría de la clase están entre mil doscientos y dos mil dólares mensuales durante los próximos 30 años. Eso, sin contar los gastos del día a día: alimentación, vestido, recreación, etc. Casi todos proyectan tener dos niños, aunque claro, después del ejercicio, presentan sus dudas.

“Bueno –les digo–, ahora veamos cuál es el horizonte de ingresos promedio al que un periodista puede aspirar en el mercado laboral tradicional. Yo sé que el tema es duro, pero es mejor pensar en él, es una manera de volvernos más exigentes con nosotros mismos”.

La respuesta que construyeron los alumnos es ésta: los primeros tres años un periodista promedio tendrá un empleo como practicanteasistente y obtendrá ingresos menores a los 300 dólares mensuales en promedio. Los siguientes cinco años, podrían aspirar a 600 dólares promedio en el status de redactor. El cálculo de los estudiantes estima que recién al noveno año se podría aspirar a ganar mil dólares mensuales siendo un periodista respetable de planta y, ese sueldo, se podría mantener los siguientes seis años si es que lograban trabajar en “un buen medio periodístico”.

Les pedí que contrastaran las cifras. La conclusión a la que llegaron no fue grata: la mayor parte de ellos podría estar con un déficit en su presupuesto por lo menos hasta el año quince de su actuación profesional. Es decir, a los 37 años, si optan por un desarrollo profesional como periodistas de planta de un medio de comunicación, aun no podrían ni comenzar a adquirir la mayor parte de la infraestructura básica que proyectaron tener cuando tenían 22 años. Hipotéticamente, tampoco se podrían hacer cargo de sus hijos.

La figura de Lolo, el canillita, creció. Es evidente que Lolo gana más de 1 700 dólares mensuales por lo menos desde que tenía 25 años. Es una redundancia, pero siempre es bueno explicitar las conclusiones: al parecer, es más rentable distribuir periódicos y revistas que estar en el equipo que desarrolla las noticias.

ÉTICA Y CALIDAD

El tema de los ingresos se vincula con dos asuntos fundamentales del desarrollo del profesional de las comunicaciones: el de la ética y el de la calidad del trabajo periodístico.

Tuve la oportunidad de comentar acerca del tema de la ética periodística durante la conferencia de Javier Darío Restrepo organizada por la Facultad de Comunicaciones de nuestra universidad. Me preguntaba y preguntaba al auditorio ¿Cómo hacer un periodismo ético en un país tan poco ético como el nuestro, donde la frase común es la justificatoria: “chamba es chamba”? ¿Cómo hacer periodismo ético en nuestro país donde hemos aprendido a decir “la hizo linda” para justificar un enriquecimiento repentino aunque los comportamientos del sujeto hayan lindado con el delito? Porque “chamba es chamba” significa que una tolerancia total frente a lo que el sentido común considera correcto y, “la hizo linda”, significa, en lo fundamental, reconocer la habilidad de una persona por saltarse las normas explícitas o tácitas de lo ético.

En ese momento, mi conclusión fue que sólo es posible tener un periodismo independiente cuando los periodistas logren independencia en el comer, en el dormir, en el recrearse y en el amar, y, que para ello se necesita que los alimentos, la vivienda, la educación, la recreación estén garantizados.

Hoy, sentado frente al computador, y con más tiempo para la reflexión, ya no puedo volver a decir que la garantía de ello está en tener buenos ingresos, porque tengo demasiados contra ejemplos. Los ingresos pueden ayudar, pero no bastan. Para ser ético hay que tener fibra ética y esa fibra no se cultiva en el Perú hace mucho tiempo. El buen salario muchas veces no ayuda a la ética, al contrario, te puede comprometer a pasar todo por agua tibia.

Estos son los dilemas de la vida real: ¿Pondrías en juego las cuotas de tu departamento nuevo por una denuncia periodística? ¿Pondrías en juego los ingresos que garantizan la pensión de tus hijos? ¿Tu pareja estará de acuerdo? ¿Te divorciarías por defender tus principios éticos?, es decir, ¿asumirías las consecuencias de no tranzar con una bonificación por tu silencio? ¿Renunciarías? ¿Estarías dispuesto a hacer colapsar la economía familiar? ¿Tu pareja lo soportaría?

Estos dilemas empiezan al inicio de tu carrera, con temas un poco más menudos y cuando aun vives en casa de tus padres ¿Pondrías en juego el pago de tu juerga? ¿El ahorro para tu viaje? ¿Las cuotas de tu auto o de la camioneta soñada?

Por ello, existe una presión de no meter a la empresa periodística que nos da trabajo en problemas con sus anunciantes. Hay un pacto, tácito o explícito, de complicidad. El sentido común general en un medio periodístico es que si se dice una verdad incómoda, se pone en riesgo las mejores pautas publicitarias, y si algún periodista pretende cruzar esa frontera pondrá en riesgo su trabajo. Esas son las reglas de juego tácitas que a veces, sutil o descaradamente, se hacen explícitas.

Por ello, por miedo a perder el salario –bueno o malo–, hay tanto silencio en el Perú. Es ese miedo real el que nos calla, el que nos vela los ojos, el que tapona nuestros oídos. Por ello, nuestro país, como nación y sociedad, progresa lento.  Los puntos que se deben tocar y hacer públicos para que el mercado, el Estado y la sociedad funcionen para todos, no se abordan.

Si el buen salario no es garantía para la ética, tampoco lo es la independencia económica. Muy por el contrario, los ejemplos de quienes “la están haciendo linda” tienen más que ver con quienes aceptan la consigna de que “chamba es chamba”.  Los consultores independientes en comunicaciones, por lo general, no confrontan con la verdad a sus contratantes. Por alguna razón, ellos suponen que decir la verdad no es un buen negocio, que la verdad no será del agrado de sus clientes. Por ello, las más de las veces, ayudan a taparla. Al parecer, ser “frilo” te da permiso para no comprometerte con la verdad, y muchos sienten que al tener una empresa de comunicaciones se liberan del dilema de hacer lo correcto.

En la actualidad, no existen muchos ejemplos positivos que destacar. En el Perú, por el contrario, abundan los malos ejemplos: en la casa, en el barrio, en la comunidad periodística, en la comunidad empresarial, en la política. No existen muchos ejemplos en positivo de actuaciones éticas o, si existen, hoy no tienen valor, la ética al parecer, hoy por hoy, es un terreno de perdedores.

Por ello, si de recomendaciones se trata, si alguien tiene fibra ética, es mejor que construya su solidez e independencia económica.

El tema de la calidad o de la ausencia de ella está también ligado al tema económico. ¿Con cuántas comisiones al mes y con cuántos trabajos extras es que un periodista logra hacer la caja que le garantice la reproducción económica del mes? ¿Será que tanto trabajo encima explica que buena parte de lo que producimos no sea nada más que música ligera?

Siempre nos podrán decir que el peruano es un pueblo que no lee, y que por tanto no requiere ni exige calidad. Hace mucho tiempo aprendí que nadie puede leer ni apreciar lo que no existe. El pueblo peruano lee poco porque existen pocas cosas que sean relevantes para él de leer. Pero aun si los peruanos somos flojos para la lectura ¿acaso también vamos a decir que el peruano es un pueblo que no quiere ver ni oír? Yo creo que nos hemos criado bajo un esquema en el que hemos escuchado demasiadas veces “eso no vende” y no nos atrevemos a dar la contra. Proposiciones como “La calidad no vende”, “la calidad no es necesaria”, se han instalado dentro del discurso de los productores y dueños de los medios de comunicación.

En realidad, lo que está detrás de la baja calidad de los medios es un tema de inversión económica. Si alguien quiere producir calidad periodística requiere tiempo de investigación y el tiempo es, nos guste o no, una medida económica, el tiempo – persona, es dinero.

PISO A TIERRA

¿Cuáles son las alternativas laborales que enfrentan los alumnos de periodismo? ¿Cuáles son los salarios? ¿Es real el panorama presentado líneas arriba? ¿O los alumnos desconocen las tarifas que los medios de comunicación están dispuestos a pagar por su trabajo? ¿Hay mejores alternativas? ¿Dónde están? ¿Cuáles son? ¿Los alumnos tienen las competencias para tomarlas con éxito? ¿Son formados en las universidades realmente para tomar esas otras alternativas más rentables?

Todas estás preguntas necesitan respuestas. Nuestro país necesita una generación de comunicadores y medios que ayuden a construir un nuevo sentido común. Hay espacio, hay oportunidades para nuevas propuestas, pero no las estamos viendo. Además, el negocio de las comunicaciones es hoy de los más rentables en el mundo, y uno de los más dinámicos en materia de innovación tecnológica en las últimas décadas. Y esta revolución tecnológica está permitiendo que el sector de las comunicaciones sea uno de los más dinámicos en la aparición de nuevas fortunas y empresarios en el mundo.

UN PAÍS FRACTURADO CLAMA POR COMUNICADORES

El sentido común nos dice que nuestro país está aun partido en pedazos. Fracturado. Lleno de piezas para armar. No sé que tan cierto es esto.  ¿Somos realmente tan distintos los peruanos? ¿Son tan ajenas nuestras historias como para seguir tratándonos con tanta sorpresa? ¿Somos realmente un país de los unos y los otros? ¿Somos realmente una Lima Norte, Sur, Este y Centro? ¿Somos Lima y provincias? ¿Son las regiones tan contrapuestas?

No, pero estamos cargados de prejuicios inmisericordes. Y son nuestros prejuicios los que nos impiden actuar con base en la realidad. Son nuestros prejuicios los que nos impiden aprovechar lo que vemos para transformarlo en oportunidades. ¿Por qué un limeño en la sierra permanece por lo general ajeno  al contexto y pierde su capacidad de propuesta? ¿Por qué se le pretende hacer sentir al provinciano en Lima como mancha en un mantel en lugar de aprovechar sus conocimientos locales? ¿Cómo es que Lima nos resulta tan ajena a unos y otros?

Nuestros prejuicios nos impiden ver oportunidades. En un país fracturado hay tantas oportunidades para una generación que rompa con los moldes que uno se pregunta cuándo aparecerá esa generación.

Hace poco tuve la oportunidad de dictar un curso de actualización para los candidatos a licenciarse como periodistas en la UPC. Les pregunté a los alumnos si se imaginaban como propietarios de un canal de televisión. Todos negaron la posibilidad. Yo no entendía nada. “¿Es que se necesita mucho dinero?” – Pregunté–, “millones” –me contestaron, pensando en canales de señal abierta. “¿Acaso alguno conoce algún canal de televisión de provincia?” –repregunté. Varios dijeron que sí.

En la clase estábamos lanzando una lluvia de ideas sobre posibles negocios de comunicaciones. ¿Por qué no ven allí una oportunidad de desarrollo? –les dije. “¿Tú sabes cómo son esos canales?”, me respondió un alumno. ¿Dime cómo son? –respondí. “¡Enanos!” –fue la respuesta–, “¿qué podríamos hacer ahí? Los estudios son cuartos de una sala, las cámaras son caseras, ¿no has visto?”.

Salí del aula sin decir nada y volví a entrar. ¡Ajj! ¿esto es un canal de televisión?– Exclamé apenas abrí la puerta mientras miraba alrededor simulando estar ingresando a un canal de provincia. Sin dar un paso más, cerré la puerta quedándome fuera del aula.

Prejuicios –dije cuando entre de nuevo al salón. Los prejuicios no nos permiten ver oportunidades. Cualquiera de ustedes podría convertirse en líder de opinión en una provincia, podría convertirse rápidamente en un periodista respetado, podría, por qué no, ir haciendo un capital que luego le permitiera tener su propia estación de televisión, de radio, ser dueño de un periódico o una revista.

Eso les dije. En verdad lo creo. Si no estuviéramos tan apegados a Lima, tan enfocados en las rutas conocidas; si pudiéramos tener más conexión con las necesidades de nuestro país y su realidad presupuestal, cuántas oportunidades se abrirían.  Pero no las vemos. Nuestro país necesita que abramos los ojos. Nuestra economía personal, también.

LAS MINAS MALAS DE LA HISTORIA

Pobres mineras. Pobres. Tan incomprendidas y tan odiadas. Tan aisladas. Yo no logro comprender cómo habiendo puesto tanto dinero a disposición no puedan exhibir resultados concretos en términos de desarrollo local y armonía con las poblaciones.

No entiendo, y hace tiempo sospecho que la mayor responsabilidad está en sus consultores sociales y en sus comunicadores. Son millones de dólares los que ya han puesto a disposición para ser considerados como la gente buena onda del barrio, la palanca del desarrollo rural y, sin embargo, nadie parece dar en el blanco. Es una lástima para el país que esa inversión social no esté dando resultados. Es una lástima que exista tanto conflicto en el interior del país.

A estas alturas del boom minero en el Perú, creo que ya es hora de cuestionarnos por qué nuestro país no tiene la mejor doctrina de desarrollo rural de América Latina, por qué no tenemos una enorme fuerza de comunicadores en las provincias contribuyendo a la construcción de un país armónico. Con tanto dinero a disposición ¿Qué pasó? ¿Qué está pasando?

Repito: son millones de dólares los que las mineras están invirtiendo desde hace años para construir un entorno que, primero, les permita trabajar con tranquilidad y, segundo, genere un desarrollo sostenible. ¿Qué falla?

La Sociedad Nacional de Minería debería clamar por ayuda. Cualquier grupo organizado podría ofrecerla. Un grupo que se atreva a romper huevos y hacer tortillas. Hay tanto dinero disponible, tanta gente involucrada, tanto país sin construir. Las cosas no están funcionando. Las cosas no se están haciendo bien. Y son cosas fundamentales para el desarrollo de nuestro país, ahí hay una oportunidad gigante.

LA TECNOLOGÍA LO HACE TAN FÁCIL

Google AdSense y Google AdWords son la fuente de ingresos que más he escuchado mencionar en los últimos tiempos cuando planteo que nos fijemos en las oportunidades que nos abre el Internet. En un mercado como el peruano esos mecanismos son una ilusión. Por ahora, evidentemente.

No quiero parecer un aguafiestas. Pero los números no dan. Ni Google AdSense ni Google AdWords serán una fuente de ingresos importante para bloggeros, ni para páginas Web, ni para los videastas, ni para los creativos publicitarios peruanos.

Creo que las oportunidades inmediatas van por otro lado. Un negocio que clama por operadores son las agencias de publicidad exclusivas para aprovechar la Web. Negocio que, además, ayudará a desarrollar la creatividad aplicada al Internet y, por tanto, su uso comercial.

Más aun, hoy cualquier persona puede adquirir notoriedad rápidamente y hacerse atractiva para los medios convencionales a través de la Web. Eso hace rentable la inversión de tiempo en producir un blog o videos para Youtube. Es barato. Los creativos que nos hagan reír, llorar o pensar, serán llamados a las agencias y medios tradicionales o a las empresas que deseen gente con ideas frescas. Eso sería lo lógico en un mercado dinámico. Si tuviera 15 o 20 años menos, apostaría a saltarme etapas produciendo contenidos para hacerme relevante para algún grupo pasmado que necesite novedades.

Hay mil cosas por hacer para aprovechar el Internet como fuente de ingresos. Pero las fantasías de riqueza rápida nos llevan a pensar que tendremos millones de visitas y que podremos vivir de los clicks que los lectores o video adictos puedan generarnos con su voracidad consumidora de publicidad. Pensemos más y adecuémonos a la realidad de nuestro mercado.

TANTAS COSAS NUEVAS

Son tantas las cosas nuevas que han aparecido en los últimos años. Tantas que uno puede ser rey en un momento y convertirse en obsoleto en unos meses. Son tantos cambios, tan veloces que a veces provoca sentarse y solamente espectar hasta que las aguas se tranquilicen.

Sentarse, y mirar cómo algunos países van generando riqueza en base a la creatividad y dinamismo de su gente. De sus jóvenes, de su sistema empresarial que absorbe la innovación y creatividad.

Sentarse

Mirar

Tapar el sol con un dedo

Rascarse la panza

Desincentivar

No hacer olas

No agitar el gallinero.

Rompan huevos muchachos

Hinchen las pelotas

Tomen las oportunidades

No pidan permiso